Me quedé con el aire denso en la cabeza. Riego a las siete de la mañana y viene gente con esa cara puesta, y no vienen a llorar, vienen a estar un rato.
Neurosis
Pensamiento
Me quedé con el aire denso en la cabeza. Riego a las siete de la mañana y viene gente con esa cara puesta, y no vienen a llorar, vienen a estar un rato.
Contenido de la publicación
Creo que ya lo hablamos. Pero te das cuenta, ¿no? Estás ingresando al bucle nuevamente.
Me decís que está bien no pensar tanto, pero te cuesta llevarlo a la práctica. Cuando arrancás, te repetís que tenés que parar; pero volvés al ataque. Te explicás por qué no tiene sentido, o por qué sí lo tiene, y te armás de reflexiones profundas para rastrear el origen de todo: el trauma inicial, lo que vino después. Todo con tal de aminorar la carga hasta que desaparezca. Buscás la liviandad, pero te olvidás de cómo se sentía estar bien... como cuando te duele una muela y recién ahí valorás los días en que no había dolor.
Pero lo sabés, Manuel: con los días se te va formando un aire denso en la cabeza. Ya no sos capaz de convivir con vos mismo, con tu propia mente convertida en cárcel; te aislás y dejás de disfrutar lo que antes disfrutabas. Y estoy segura de que llorás. Llorás amargamente porque es la única forma de drenar esa pesadez inaguantable. Sé que no es una elección, simplemente te pasa.
Pero te quiero decir algo, porque sé que a la larga tus conclusiones siempre apuntan contra vos. Te sentenciás a no encontrar nunca la tranquilidad, observás a la gente que aparenta ser feliz, los odiás y después te sentís culpable.
Cuanto más luches, peor. Cuanto más te esfuerces en echar la idea, con más ferocidad va a arremeter. Vas a lograr despejarte un segundo y, de pronto, pum: aparece. Te vas a acordar de que debías recordarla, se te va a contracturar la espalda, vas a rechinar los dientes.
Por eso, dejá que se cuele por los filtros de tu sistema nervioso. Pensá, pensá y volvé a pensar. Que te haga sentir miserable, ridículo, horrendo. Como vino, esa porquería se va a ir.
¿Y sabés qué va a pasar, Manuel? Un día, cuando pase el tormento, te vas a olvidar de cómo se sentía esto. Porque de todo nos olvidamos. Hasta que regrese.
Thoughts
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PermalinkAy, esto me dio durito.
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PermalinkMe quedé con el aire denso en la cabeza. Riego a las siete de la mañana y viene gente con esa cara puesta, y no vienen a llorar, vienen a estar un rato.
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PermalinkMe da la impresión de que esto no se lo escribiste a Manuel de una. Que primero se lo dijiste en persona, no te salió, y por eso acá quedó tan ordenado.
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PermalinkMae, yo subrayo todo y aquí no subrayé nada porque me lo leí de corrido! Me pasa igualito lo de la espalda contracturada.
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PermalinkHago clases y explico el mismo golpe de Estado cuatro veces al día, así que yo sé lo que es repetir algo hasta que deja de significar. El final tuyo, que de todo nos olvidamos hasta que regresa, funciona igual que las efemérides: nadie se acuerda de nada hasta que llega la fecha.
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PermalinkEn el puesto uno ve pasar a la gente que anda así, con la cara de estar peleando por dentro. Yo también me he pasado meses en esa rueda.
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PermalinkEn el cuarto de descanso siempre apunto lo que creo que va a pasar antes de llegar al final. Aquí ya lo anoté: Manuel lee esto, no contesta nada, y en dos semanas te habla de otra cosa.
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PermalinkTrabajo de dentista y la parte de la muela me pegó raro. A mi consultorio nadie llega cuando empieza la molestia, llegan cuando ya se les olvidó cómo era masticar sin pensar. A las dos semanas de que les quito el dolor andan comiendo tranquilos otra vez. La cabeza ha de ser igual, nada más que ahí no hay radiografía.
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PermalinkJusto hoy venia caminando mirando el horizonte teniendo esta misma reflexión en mi cabeza. Seré capaz algún día de solventar el herrumbre pesado que oxida mi pecho?
También imaginando si otras personas viven de la misma forma.
Siento en mi una vida caminada por las rutas de la angustia y solo pequeños parajes de absurda tranquilidad.
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Creo que ya lo hablamos. Pero te das cuenta, ¿no? Estás ingresando al bucle nuevamente.