Cuando la vida exige volver a empezar, irse levantando paso a paso, la necesidad de expresar lo que llevamos dentro busca nuevos caminos. Sin considerarme para nada, poeta ni escritor, encontré en las palabras un refugio aficionado, humilde y honesto, no solo para procesar este camino, sino para solventar ese deseo profundo de abrir mi corazón, entregar lo que siento y tender un puente sincero para volver a conectar con los demás.
Aún me llena de asombro que en la Revista Íkaro encontraran algo de valor en mis líneas y hayan decidido seleccionar no uno, sino tres de mis escritos. Que un espacio así le abra la puerta a mi voz es algo que recibo con una humildad inmensa y una gratitud infinita hacia todo el equipo editorial.
De igual manera, deseo aprovechar este espacio para agradecer a quienes escucharon mi voz en esta plataforma (Seavien). Sentirse escuchado no es la norma y sus palabras me dieron más que eso.
Así que, tras intentar elaborar lo que para mí significan esas palabras, humildemente les digo: ¡Muchas gracias!
