Desde que era pequeño escuchaba a mi padre rezongar por la ineficiencia y las atrocidades de los políticos de turno, por los planes económicos que fracasaban sistemáticamente, por los endeudamientos con el F.M.I., por los actos de corrupción de los gobiernos y del sindicalismo, por los galopantes índices de inflación.
Y en su vocación política y democrática, renovaba sus esperanzas con cada sufragio, insuflando su espíritu de aires nuevos y de ilusiones remozadas.
Cuando murió, de esto hace ya 26 años, quedaron destrozadas en su camino todas esas esperanzas que renovaba elección tras elección, año tras año, con un estoicismo incansable. Quedó en el aire entonces una pregunta clave: "¿Cuándo seremos artífices de nuestro propio destino?" ¿Qué opinan ustedes?