(una carta a mi Yo inconsciente)
Querida Dei, creo que me conoces al menos lo necesario para intuir que me encanta correr el riesgo de abrirme a lo desconocido; es una manera de conocerte a más profundidad. Eres un misterio para mí, y eso me encanta.
Me encontré con un desconocido, ¿sabes? En realidad, me interesa poco cómo se llama, qué edad tiene o a qué se dedica; eso haría emerger nuestros prejuicios. Fue una conversación interesante. Él tampoco me hizo esas preguntas al primer momento; eso nos mantiene en ese ámbito que no necesita apoyarse en apariencias, en títulos o fechas y eso, para nosotras, es lo más sincero.
Quizá él desestabilice algunas de nuestras falsas seguridades y afiance las más verdaderas. ¿Aún no comprendes cómo funciona? Somos vulnerables cuando nos relacionamos. Exponer nuestras opiniones, posturas y opciones nos hace presentar algo que consideramos valioso en manos de quien, tal vez, lo menosprecie, lo cuestione, lo rechace, lo niegue; por eso, es difícil conseguir a alguien que al conversar esté dispuesto a romper el límite de lo convencional.
Desde el comienzo me desconcertó. Todo inició con una crítica que paralizó por segundos el corazón, como una flecha bien apuntada que hasta el momento no has esquivado; pero lo que sí comprendiste es que era diferente y que había algo que explorar. Decidiste entonces aventurarte, porque ya has experimentado que detrás de una incertidumbre hay una gran enseñanza. Sigue siendo un desconocido para ti, para mí, pero le empezamos a tomar cariño a pesar de las diferencias. Puedo ser muy sincera sin sentirme culpable; creo que él se expresa con igual libertad.
Ya van varias conversaciones, pero sigue siendo un enigma, porque quizá aún no me ha mostrado su tesoro o su lado más oscuro. Es como mirar el horizonte y vislumbrar que, detrás de esas hermosas montañas, hay un mundo sin explorar. Acaso, ¿conocer a alguien es eso? Valorar cada compartir como ese pedacito de su ser que regala.
En este punto, ¿reconoces ese vacío en el estómago, ese leve vértigo al borde del precipicio? Crear vínculos no es tan fácil como parece, al menos los buenos. La regla de oro “trata a los demás como quieres que te traten”, resuena como el eco de la Vida que nos habita, y que me une en cierto punto al desconocido.