Extraño lo que fui,
lo que era antes de cambiar:
la luz que inundaba mis ojos
y la ligereza de mi andar.
El no sentir el peso del mundo
ni el pasar del tiempo,
las risas en la madrugada
o las manchas de pintura.
Extraño pintar y te extraño a ti.
Tu risa resonante y tus ocurrencias,
la forma en que te expresabas sin temor
o la calidez de tu amor.
Te extraño y te pienso;
casi a diario estás en mi mente,
paseándote como una niña en una dulcería.
Y eso es lo que eres:
la niña de mis recuerdos,
mi antiguo yo.