Hace una semana comencé a trabajar cuidando a un chico de 23 años con parálisis cerebral, el vive así desde que nació, es una persona inerte, una sombra en la vida de alguien, me ha hecho reflexionar sobre tantas cosas, una máquina respira por el, ni siquiera ha probado el sabor de un alimento en su vida, solo sé que eso no es vivir, ¿Es por egoísmo o amor el que su familia lo tenga aún aquí, en este plano? Me pregunto qué pasará por si mente, lo único que puede hacer es observar un techo blanco, ¿habrán colores en sus sueños?, me cuestiono el por qué hay personas que viven en estas condiciones, si fuera mi situación yo quisiera descansar, ir con Dios, yo creo que si él sabe de Dios quisiera lo mismo, entonces con qué derecho el humano se cree superior a Dios, ¿Por qué intervenimos con el ciclo natural de la vida? Es como cambiar el cause de un rio, tarde o temprano este vuelve a su origen, no podemos creer que tenemos el control sobre la vida, menos sobre la vida de otro. Aún así verlo en su cama me hace sentir ver la vida con otros ojos, debemos agradecer de poder vivir, sentir el sabor de una comida, disfrutar del calor del sol sobre nuestra piel, de reír y de llorar, quizás este trabajo llegó a mí para que yo deje de quejarme de mi dolor, un corazón roto debe ser lo de menos comparado con el sufrimiento de otro ser humano, y aún así vivimos absortos en nuestra burbuja personal, donde el único problema que existe y tiene valor es el nuestro, Dios, te pido que me ayudes a vivir con el corazón, a vivir por quienes no pueden hacerlo, tal vez solo estar aquí ya es un privilegio.
La luz que no toca la piel
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