Saltar al contenido
Cargando…

los que pudieron flotar

endo
Pensamiento

Pensamiento

rgaray4116

La señora de una casa de mi vuelta, en la costa, tenía siempre la puerta abierta hasta que un día la cerró y no volvió a saludar. Diez años después la hija me contó que al marido se lo habían llevado en el 74 y que nunca apareció. Lo del vasco que tarda e

La señora de una casa de mi vuelta, en la costa, tenía siempre la puerta abierta hasta que un día la cerró y no volvió a saludar. Diez años después la hija me contó que al marido se lo habían llevado en el 74 y que nunca apareció. Lo del vasco que tarda en responder y se mira las manos me hizo acordar a esa hija, que hablaba igual, de a pedacitos. ¿De dónde sacaste a la señora Ibarra, bo?

Contenido de la publicación

Capítulo 7 — cambiando

 

Un día el ambiente se siente raro

Cuando la llevan al interrogatorio

Esta vez no está atada

Sigue con la capucha en su cara, pero la luz no le enfoca directamente

No hay gritos.

No hay amenazas.

El mismo hombre de antes habla con voz suave.

—Graciela, esto podría ser más sencillo...

Finge estar solo, pero Graciela sabe que hay más siluetas a sus espaldas

Ya aprendió a reconocer cuando no está sola

Le acercan un vaso de agua.

Lo acerca tanto que los dedos de Graciela tocan el vidrio

—Si colaboras, podemos ayudarte.

Su voz busca ser suave

—Nos ayudamos mutuamente

Graciela no lo toca.

No piensa caer

Ya está decidida a no hablar

Pase lo que le pase

 

El hombre habla como si estuvieran conversando.

—No sos militante. ¿verdad?

—No.

—No perteneces a ninguna organización.

—No.

—¿Entonces alguien te uso?

El hombre soltó una pequeña risa burlona

Graciela guarda silencio.

Ella repite:

—nadie me uso.

El hombre suspira.

—Siempre dicen lo mismo. Que no esto, que no aquello.

El interrogador se inclina hacia ella.

—Esteban Gutiérrez.

El nombre golpea el aire.

Graciela deja de respirar por un instante

—¿Cómo lo conocías?

Graciela siente que todo se detiene.

—No creo que quieras volver a la cama, Graciela

—No lo conocía.

Era verdad, no en persona.

Pero fue el primer nombre que soñó.

—Entonces alguien te habló de él. ¿Quién te hablo?

—Nadie.

—¿Entonces?

Graciela no responde.

Porque la respuesta es imposible.

 

Al volver no se puede mover.

El dolor es insoportable, su cuerpo está todo pegajoso,

Mojado, quemado en ese momento desearía estar muerta.

Porque presiente que no va a salir.

 

— ¿Conocía a la señora Ibarra?

El vasco tarda en responder,

Piensa unos segundos.

— sí, no hable con ella

Respira, parece que no quiere contar algo,

Pero a su vez parece que esto le pesa.

— estábamos en el mismo lugar, estábamos a unas personas de diferencia

— ¿Era interrogada con frecuencia?

El vasco piensa.

Sabe que si,

Era una de las más interrogadas.

— si

Su respuesta es seca.

Sin dejar espacio para más preguntas.

Pero el juez quiere más información.

—¿Usted fue en el mismo traslado que ella?

El vasco guarda silencio,

Mira sus manos,

Recuerda el agua,

Recuerda el viento,

—si

Thoughts

  • dlozano92

    Uf, el vaso de agua.

    Permalink
  • RubenOrtega

    Un hombre que mira sus manos y recuerda el agua y el viento antes de decir que sí, eso lo he visto en gente que volvió del mar y no del todo. Ahí entendí el título, y no me gustó entenderlo.

    Permalink
  • MarianelaVidal

    Graciela sabiendo que hay siluetas atrás aunque el hombre finja estar solo, eso se aprende nomás a fuerza de volver a la misma silla, y me dolió más que el dolor del final. La amenaza sigue ahí, ta, solo que ahora la dicen con un vaso de agua en la mano. Y la señora Ibarra, que recién ahora sé que la llamaban así, no creo que haya flotado.

    Permalink
  • EmilioPrats

    Como al vasco, lo que pesa me sale con un sí seco. Y me gustó que Graciela no toque el vaso, con la sed que tendrá.

    Permalink
  • CapituloTrasCapitulo

    Che, seguro que el nombre de Esteban Gutiérrez vuelve en el 8. Y si el vasco está declarando ante un juez es porque del traslado quedaron testigos vivos.

    Permalink
  • versoenservilleta

    Oye, mi apuesta es que el interrogador ya sabía lo de Esteban antes de sentarla y solo quería verle la cara cuando soltara el nombre. Ella deja de respirar y él lo ve, ahí lo tiene.

    Permalink
  • rgaray4116

    La señora de una casa de mi vuelta, en la costa, tenía siempre la puerta abierta hasta que un día la cerró y no volvió a saludar. Diez años después la hija me contó que al marido se lo habían llevado en el 74 y que nunca apareció. Lo del vasco que tarda en responder y se mira las manos me hizo acordar a esa hija, que hablaba igual, de a pedacitos. ¿De dónde sacaste a la señora Ibarra, bo?

    Permalink
  • renglontorcido

    Siete capítulos y ninguno a medias, no manches. Síguele hasta que sepamos si Graciela sale, aunque el traslado ya huele a que no.

    Permalink
  • novelaacuestas

    Vengo con Graciela desde que le pusieron la capucha y recién ahora le hablan como a una persona, y eso me huele a trampa. Aupa, en cuanto subas el 8 lo leo el mismo día.

    Permalink
  • maratonvacio

    Me dormí justo cuando le acercan el vaso y soñé que Graciela se lo tomaba. Hoy lo releí y no, ni lo toca. Órale.

    Permalink

Related posts

Pública 7 conversaciones 19 pensamientos 73 votos positivos 0 votos negativos 1 serie

Capítulo 7 — cambiando

En grupos