las palabras que escriba se reirán de mí de por vida.
un pecado silencioso el enamorarse de aquel que su vista vaga en otra dirección pero aún así, el único confidente sórdido que me queda son el esquema de letras que le he dedicado en un vómito verbal inconexo. Sus ojos carecían de maldad y parecían absortos de una nube de sueños totalmente realistas, y llegaba a ser utópico verlo. —¿Como alguien podría soñar con la realidad?— Pensó y recordó las frases casuales que en algunos ayeres compartieron, y le hizo sentido. La practicidad de su ser parecía amoldarse a la inconformidad constante con la que yo vivía. Porque en ninguna de mis (o de estas) realidades quedábamos juntos.