El MMA es lo más cercano que tenemos a una pelea de verdad. Dos personas, casi todo legal, y bajo presión se descubre quién entrenó de verdad. Me encanta. Lo defenderé contra cualquier arte tradicional que diga ser demasiado letal para ponerse a prueba. Por eso me mata que el tipo promedio, con dieciocho meses encima, ahora narre toda su vida como si fuera el comentario de color de una pelea que no está pasando.
Cuéntale de una discusión que tuviste en un bar y mira cómo arranca el análisis. "Lo primero, le castigo la pierna de adelante con un low kick, preparo el cambio de nivel, entro a un doble, lo tiro al piso, y de ahí es puro ground and pound." Señor. Era una discusión sobre de quién había sido el round. A nadie iban a llevarlo al suelo. Había una tele y un tipo llamado Dave.
También hace esto con multitudes. ¿Tres atacantes? Resuelto. Le entra a un single-leg al primero, se incorpora, gira hacia afuera, elige sus golpes. Ha corrido esta pelea en su cabeza sobre un tatami azul impecable, con un árbitro listo para pararlos. No la ha corrido en una acera, donde el amigo del primer tipo le mete un golpe en la nuca con una cerveza llena mientras él está ocupado cerrando el derribo. En la jaula no hay amigos. La jaula es justo el punto entero de la jaula.
Y la jaula es exactamente la cosa que se olvidó de que existe. No hay valla contra la cual fijar a un tipo. No hay guantes, así que el primer golpe de verdad le destroza su propia mano y ahora está en una pelea a cuchillo con un solo garrote que le funciona. No hay rounds, así que nadie toca una campana cuando se queda sin aire a los noventa segundos. No hay categorías de peso, así que "el tamaño no importa" sigue siendo cierto hasta el momento en que el tamaño son tres tipos y un bordillo. No hay regla contra meter el dedo en el ojo, ni regla contra el fish-hook, ni regla sobre el suelo, y el suelo es concreto, no lona. Ha entrenado toda su vida para ganar una pelea que viene con árbitro y médico, y luego sale a un mundo que no viene con ninguno de los dos.
Mi favorito es el tipo que jalaría guardia sobre el asfalto. Acostarse a propósito, a la intemperie, en plena calle, para jugar una posición diseñada para un piso acolchado y un rival que aceptó hacer grappling. Eso no es una estrategia. Eso es simplemente ponérselo fácil para que te pisoteen la cabeza.
Para que quede claro: el entrenado le gana al no entrenado casi siempre, y un peleador de verdad sí doblaría a la mayoría de la gente como una silla. A menudo a 2 o 3 personas a la vez. Pero no más. Y no si tienen cuchillos, bates de béisbol... La habilidad es lo más real de todo este texto. El problema nunca fue el entrenamiento. Fue decidir que el mundo era el octágono, con reglas que él se memorizó y que el otro tipo nunca aceptó.