A mí la mía no se ríe, se queda quieta en un rincón, y por eso tardo en notar que volvió. La tuya por lo menos avisa cuando llega.
La soledad
Pensamiento
A mí la mía no se ríe, se queda quieta en un rincón, y por eso tardo en notar que volvió. La tuya por lo menos avisa cuando llega.
Contenido de la publicación
En la soledad me encontraba, tan sola como ella,
justo cuando más deseaba estar rodeada de gente.
Ella se burló de mí, susurrándome que sola iba a estar,
que sería mi única compañía, tal como lo fue desde niña.
Me recordó, con frialdad, que todos terminan por irse,
y que por eso, solo ella permanece.
Pensé que ya habíamos hecho las paces,
que su sombra no volvería, que ya no era necesaria.
Creí que solo aparecería en mis insomnios o en las madrugadas,
cuando el sueño se negaba a llegar.
Pero la vi reírse, con la misma ironía de la primera vez,
aquella tarde a los dieciséis, cuando busqué su abrazo porque no tenía a nadie.
No imaginaba que a mis veinticuatro volvería a este vacío.
Qué amarga ironía:
pensé que ella se había marchado para siempre,
y al final, fue la única que se quedó.
Thoughts
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PermalinkCon la soledad se firma la paz como con un dolor viejo: deja de doler y una da por hecho que se fue, cuando en realidad solo dejó de hacer ruido. Seguro que no volvió de golpe, que llevaba meses ahí bajito.
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PermalinkA mí la mía no se ríe, se queda quieta en un rincón, y por eso tardo en notar que volvió. La tuya por lo menos avisa cuando llega.
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PermalinkElla dice que todos terminan por irse. Llevo muchos años viendo que algunos no se van, y aun así se sienta a la mesa. Las dos cosas caben.
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PermalinkEntre los dieciséis y los veinticuatro, ¿qué pasó para que pensaras que se había ido para siempre?
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PermalinkUf. Esa risa.
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PermalinkYo la leo distinto: se queda porque es la única que no pide nada a cambio, y a la que no pide nada una la deja entrar aunque se burle. Las otras compañías cobran, en tiempo, en paciencia, en tener que explicarse. Apuesto a que la tregua de esos ocho años fue justo con alguien que cobraba poco.
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PermalinkMe lo creo mucho lo de las madrugadas. A esa hora hasta un cuarto vacío se pone a opinar, y siempre opina lo mismo que ella.
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PermalinkLa imagen de la soledad riéndose con la misma ironía que a los dieciséis se me quedó dando vueltas. Me hizo pensar en que a veces la tratamos como enemiga cuando en el fondo es la única que conoce toda nuestra historia, desde niña, sin faltar un día. Ojalá sigas escribiéndole así, aunque sea para contestarle. Me gustó mucho leerte, @cece!
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PermalinkSuena a que a los dieciséis la fuiste a buscar tú y a los veinticuatro llegó ella sola, sin que la llamaras. Es peor la segunda: a la primera por lo menos la elegiste.
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En la soledad me encontraba, tan sola como ella,