y es que fueron más de cuatrocientos días regalados a tu presencia, a nuestra vida y a nuestro futuro incierto. Piedra tras piedra que pusimos para pavimentar unos sueños de enamorados apasionados que terminaron siendo un muro de concreto entre dos sombras que hace algunos ayeres jugaron (juraron) amarse.
fueron más de cuatrocientos días donde las palabras dichas no bastaron porque el silencio cómodo de existir era más valioso, dónde las palabras no-dichas entre arrumacos y murmuros quietecitos valían más. ¿Y que hago ahora sí el silencio parece gritarme la ausencia de tu semblante? ¿Que será de mi (y mi torpe corazón) si no vuelvo a amar a alguien en esas condiciones?
fueron más de cuatrocientos días, pero un día donde los planetas jugaron en contra y el silencio se volcó en ruido, las palabras se transformaron en armas y los cariños ya no eran amor? El destino parece jugarle una mala pasada a todos los enamorados en el camino porque las piedras dónde tropiezas son las mismas dónde pavimentaste el futuro. la escalera para llegar a la meta parece más larga una vez que bajas y debes volver a subir, aunque ya lo hiciste una vez.
¿Qué hago si decidí amar en una sociedad donde todo aparece y desaparece? dónde las emociones, los sentimientos y las vivencias parecen desechables a través del júbilo de la juventud. a quien quiera oír esto: el amor es un arte que se va trabajando y mejorando, con diferentes tipos, diferentes aristas y diferentes métodos, pero en ninguno de ellos está la comodidad del desechar y volver a empezar, así que sí, sigue intentándolo hasta que, algún día, aparecerá y la escalera ya no se verá tan larga y el muro ya no existirá entre ambos. y si cuatrocientos días no bastan porque uno de ellos fue la gota que derramó el vaso, recuerda que hace muchos ayeres, un día, ese un día fue el que te hizo tomar la decisión de arriesgar los otros cuatrocientos.