Es vivir con alguien sabiendo que es completamente diferente a quien creías. Y seguir viéndolo en la cara, seguir estando ahí, sin poder huir.
La mujer que amé llevaba una vida que yo no conocía — Parte 2: Los recuerdos que ahora me destruyen
Pensamiento
Es vivir con alguien sabiendo que es completamente diferente a quien creías. Y seguir viéndolo en la cara, seguir estando ahí, sin poder huir.
Contenido de la publicación
Hay recuerdos que antes me hacían sonreír y que ahora me destruyen.
Recuerdo especialmente nuestras citas después de su trabajo.
Ella salía alrededor de las siete de la noche y, aun después de trabajar todo el día, quería encontrarse conmigo. Yo me emocionaba. Para mí significaba mucho que quisiera verme después de una jornada larga.
Una vez quedamos para ir al cine.
Yo incluso le pagué el Uber para que pudiera venir directamente hasta allá. Quería facilitarle todo. Quería que llegara tranquila, que pudiéramos olvidarnos de los problemas por unas horas y simplemente ser una pareja normal.
Y todavía puedo recordar perfectamente el momento en que la veía llegar.
Venía muy bonita.
Arreglada.
Preparada.
Y yo pensaba:
“Qué hermosa está mi novia.”
No sospechaba nada.
Entrábamos al cine, nos sentábamos juntos y yo la abrazaba. La besaba. Le daba cotufas en la boca mientras veíamos la película. Después podíamos ir a comer un helado, caminar un rato o simplemente disfrutar de estar juntos.
Eran cosas pequeñas.
Pero para mí eran enormes.
Porque yo nunca había vivido algo así.
Ella fue mi primera mujer.
Perdí mi virginidad a los 28 años con ella.
Hoy tengo 30.
Quizás para otra persona eso no signifique demasiado, pero para mí sí. Yo había esperado muchísimo tiempo para conocer a alguien con quien pudiera sentir esa confianza. No estaba jugando a tener novia. No estaba experimentando para después olvidarme de ella.
Yo estaba aprendiendo lo que significaba amar a una mujer.
Confiaba en ella de una manera que nunca había confiado en nadie.
Por eso ahora esos recuerdos tienen otro significado.
Porque después descubrí lo que realmente hacía en su trabajo.
Y mi cabeza empezó a reconstruir cada una de aquellas noches.
La misma mujer que yo esperaba emocionado en el cine podía haber estado horas antes con otros hombres.
Y después llegaba conmigo.
Me abrazaba.
Me besaba.
Se sentaba a mi lado como si nada hubiera ocurrido.
Yo le daba cotufas en la boca creyendo que estaba viviendo uno de esos momentos simples y bonitos que uno guarda para siempre.
Ahora ese recuerdo me rompe.
Porque mientras yo veía a mi novia llegar al cine, hoy siento que había una parte completa de su vida que yo no conocía.
Pero hubo algo todavía más extraño.
Algo que, mucho antes de descubrir todo, ya había encendido una pequeña alarma dentro de mí.
Cuando empezamos a tener intimidad, yo sentía que ella era demasiado pasiva conmigo. Parecía tímida, reservada, casi como si no supiera cómo seducirme. Algunas veces incluso le pedía que tuviera más iniciativa, que se moviera más, que demostrara más deseo.
Yo pensaba que simplemente era su personalidad.
Hasta que en esa noche cambio.
De repente apareció una mujer completamente diferente.
Su seguridad, su actitud, su manera de desenvolverse… todo cambió de golpe.
Yo me quedé sorprendido.
Recuerdo mirarla y pensar:
“¿De dónde salió esta versión de ella?”
Fue una sensación muy rara.
Porque no parecía que estuviera aprendiendo.
Parecía que estaba dejando de ocultarse.
En ese momento no tenía pruebas de nada, pero algo dentro de mí empezó a incomodarme.
¿Cómo podía alguien pasar de mostrarse tan inocente y reservada conmigo a desenvolverse con semejante seguridad?
Ahí apareció por primera vez una pregunta que después terminaría persiguiéndome:
¿Por qué parecía saber exactamente cómo transformarse de esa manera si conmigo siempre había fingido ser tan tímida e inocente?
Hoy miro hacia atrás y siento que había dos versiones de la misma persona.
La mujer que llegaba bonita al cine para encontrarse con su novio.
Y la mujer que tenía una vida que su novio desconocía por completo.
Y yo estaba enamorado de la primera.
Ese es quizás uno de los dolores más difíciles de explicar.
No solamente descubrir una mentira.
Sino empezar a desconfiar de tus propios recuerdos.
Preguntarte qué estaba pasando realmente aquel día que para vos había sido tan especial.
Preguntarte qué había ocurrido antes de que llegara.
Preguntarte qué cosas eran auténticas.
Preguntarte cuántas veces la miraste a los ojos sin conocer realmente lo que estaba pasando.
Yo tenía 28 años cuando confié mi primera experiencia con una mujer a ella.
Ella sabía perfectamente lo importante que era para mí.
Sabía que era mi primera novia.
Sabía que no tenía experiencia.
Sabía que yo estaba aprendiendo todo con ella.
Y aun sabiendo eso, me mintió.
Eso es lo que más me está destruyendo.
No puedo simplemente apagar mis sentimientos y continuar como si nada.
Llevo cuatro días prácticamente sin comer.
Estoy hundido.
Me siento vacío.
Hay momentos en los que siento que murió algo dentro de mí.
Y lo peor es que cada día recuerdo una situación diferente y empiezo a verla con otros ojos.
Una conversación.
Una excusa.
Una salida.
Una mentira.
Un comportamiento extraño que antes ignoré porque confiaba en ella.
Ahora todas esas piezas están empezando a encajar.
Y cada pieza duele más que la anterior.
A veces me pregunto cómo alguien puede mirar a una persona que confía completamente en ella y seguir ocultándole tantas cosas.
Porque yo no era perfecto.
Pero lo que sentía era real.
Las entradas del cine eran reales.
El Uber que le pagaba era real.
Los helados eran reales.
Las cotufas que le daba en la boca eran reales.
Los besos que yo le daba eran reales.
Mi primera vez fue real.
Mi amor era real.
Lo único que ahora no sé si fue real…
fue ella.
Y esta historia todavía no termina.
Porque lo que estoy contando aquí es solamente una parte.
Todavía quedan muchas mentiras.
Muchas cosas que fui descubriendo.
Muchas veces en las que ahora entiendo que me estaba utilizando mientras yo pensaba que estaba construyendo una relación.
Y quizás escribirlo sea la única manera que tengo ahora mismo de ordenar todo lo que tengo dentro.
Porque todavía quedan muchas cosas por contar.
Y algunas duelen incluso más que esta
Thoughts
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PermalinkEs vivir con alguien sabiendo que es completamente diferente a quien creías. Y seguir viéndolo en la cara, seguir estando ahí, sin poder huir.
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PermalinkDos versiones de la misma persona viviendo en paralelo. Yo estoy aprendiendo eso ahora, cuando mi hijo se fue. Duele diferente pero es parecido a lo que vos descriís.
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PermalinkLleva cuatro dias sin comer. Eso es porque algunos pesos no los levanta uno en el gym, pero pesan mas que todo junto. Duele de verdad.
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PermalinkA mi me pasó lo mismo, exactamente igual. Pensar que la conocias y despues descubrir que tenia una vida completamente diferente. No se como se vuelve de eso.
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PermalinkDescubrir que la otra persona tiene una vida completamente distinta a la que vos creías que conocías. Es de esos quiebres de donde no se vuelve a los ojos de quien lo sufre.
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PermalinkCuando de repente cambió completamente su forma de moverse en la cama y vos notaste que algo no encajaba, ahí viste emerger una mujer diferente. La dejaste pasar en ese momento, creyendo quizás que era algo temporal, que no entendía lo que pasaba. Eso es lo que duele recordar ahora, después de toda la verdad.
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PermalinkDuele diferente.
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