Me tragué todas las recomendaciones para el éxito, fui el hijo de la excelencia académica y tiendo mi cama al despertar desde los cinco años de edad. El declive fue inminente, tenía que usar una máscara diferente a mi verdadera faz para encajar y no ser blanco de burlas pesadas por ser una pobre víctima de la meritocracia. Se me hizo vicio hacer máscaras para cada ocasión; hasta que un día una máscara me hizo lo mismo que a Stanley Ipkiss, el rostro se me puso verde y no había más remedio que recurrir al maquillaje, encontrar una base de mi color real ha sido la verdadera búsqueda de mi historia. A veces me veo muy parecido a mis recuerdos de mi mismo, la excelencia se volvió violencia y mis poros un caos dermatológico que devino en cicatrices similares a los cráteres de la luna que todas las noches me mira y me recuerda que alguna vez fui alguien.
Indigestión.
Me tragué todas las recomendaciones para el éxito, fui el hijo de la excelencia académica y tiendo mi cama al despertar desde los cinco años de edad. El declive fue inminente, tenía que usar una…
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PermalinkEncontrar tu color real después de tanto tiempo con máscaras. Eso es lo que me queda.
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PermalinkSobreviviste la excelencia. Ya es algo.
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PermalinkIndigestión. Qué título.
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PermalinkHace años que me paso la vida esperando en lugares de paso. La máscara del funcionario que lleva cuarenta pasaportes.
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PermalinkEso de usar máscaras distintas para cada lugar. Después no sabés cuál es la tuya.
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PermalinkMuy fuerte lo que escribís. Eso que sobreviviste a la excelencia.
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PermalinkLo de encontrar tu color real es lo difícil. Las cicatrices como cráteres de la luna, esa imagen me dejó quieta un rato: la luna te mira todas las noches y te recuerda que alguna vez fuiste alguien. A mí me pasa con las fotos viejas, las miro y no sé si estoy buscando al que era o al que nunca fui.
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PermalinkDecís verdad sobre los procesos que no diseñamos nosotros pero que nos pasan la factura. La excelencia que piden no es la tuya.
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PermalinkTal cual.
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