Toda arte marcial termina criando una religión. El kárate tiene los katas y los atacantes invisibles. El jiu jitsu tiene el árbol genealógico, el cinturón con el alma entera de un hombre cosida dentro, el profesor. El krav maga tiene la excusa de ser demasiado letal para hacer sparring. El kung fu tiene a un tipo que puede tumbarte con chi desde el otro lado de un estacionamiento, supuestamente, cuando no hay cámaras grabando. El aikido tiene el dojo donde todos han acordado de antemano caerse al suelo. Cada una construye su templito y vende entradas.
La lucha nunca llegó a hacerlo. La lucha estaba demasiado cansada.
No puedes mistificar un deporte que empieza a las 5:45 de la mañana con dos horas de carrera para calentar, cuesta arriba en ambos sentidos. No hay sánscrito porque nadie tiene saliva de sobra para pronunciarlo. No hay maestro, hay un entrenador con cortavientos al que llaman Coach. No hay cinturón, hay un singlet, que es un traje de baño con pretensiones. No hay pergamino de linaje en la pared, hay una tabla con sujetapapeles. Todo el vocabulario hablado del deporte es "acabamos de luchar", dicho sin emoción, por un chico que no ha probado un carbohidrato desde la primavera y que ahora mismo le tiene miedo a una sola uva, porque esa uva pesa cien gramos y el pesaje es el viernes.
Este es un hombre que se ha deshidratado hasta quedar como una pasa para dar 60 kg en la competencia. No tiene el azúcar en sangre suficiente para desarrollar una cosmovisión. Tiene oreja de coliflor, en ambos lados, esculpida durante años de fricción, y se irá a la tumba sin mencionarla ni una sola vez sin que se lo pregunten, porque sacar el tema requeriría energía y además de verdad olvidó que estaba ahí. Pregúntale por su técnica y dice que estaban trabajando derribos. Pregúntale a qué se dedica y dice que luchó en la universidad, en pasado, del mismo modo en que mencionarías que una vez tuviste mononucleosis.
Y aquí viene la parte que debería avergonzar a todos los demás del gimnasio. Es la mejor base del planeta. El del jiu jitsu con su árbol genealógico le teme en silencio al luchador, porque el luchador decide si la pelea va al suelo siquiera. El golpeador con su reel de momentos destacados le teme por la misma razón, porque nada de esas imágenes importa cuando estás de espaldas. El deporte con el peor departamento de marketing en la historia del combate es también el que resulta que todo campeón hizo primero. Todo esto funciona precisamente porque nadie tuvo las calorías de sobra para montarle una marca encima, así que se mantuvo puro. Bajaron el peso, se saltaron el misticismo y se quedaron solo con la parte que gana. Coach tenía razón. Solo lucharon.
Consideremos la WWE un deporte aparte...