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La jauria

unsaucelloronbienlloron
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En Neltume, la lluvia no caía: se arrastraba. Los techos de zinc escurrían agua sucia y el aire olía a hierro oxidado. A medianoche, cuando las casas dormían cerradas con llave, Carlos cruzaba un…

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Pensamiento

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unsaucelloronbienlloron

Nota: Primer cuento que me animo a publicar en algún lugar. Tengo un pequeño baúl lleno de historias que he ido guardando con los años; no todas son de terror, pero es uno de los géneros que más disfruto. Quizás sea hora de empezar a sacar algunas de ahí.

Nota: Primer cuento que me animo a publicar en algún lugar. Tengo un pequeño baúl lleno de historias que he ido guardando con los años; no todas son de terror, pero es uno de los géneros que más disfruto. Quizás sea hora de empezar a sacar algunas de ahí.

Contenido de la publicación

En Neltume, la lluvia no caía: se arrastraba. Los techos de zinc escurrían agua sucia y el aire olía a hierro oxidado. A medianoche, cuando las casas dormían cerradas con llave, Carlos cruzaba un pasaje en sombra buscando el camino más corto hacia su casa. Entonces lo escuchó: un jadeo áspero, irregular, que lo detuvo en seco.

Desde el fondo del pasaje emergió un perro grande, demasiado grande para ser un quiltro. Sus costillas se marcaban bajo el pelaje húmedo, y sus ojos parecían brasas humanas hundidas en un cráneo animal. Al acercarse, la luz del poste mostró un hocico manchado de sangre. Lo que colgaba entre los dientes no era un hueso ni carne de vaca, sino una mano humana todavía fresca.

Carlos retrocedió, pero sus pies parecían hundidos en el barro. El perro inclinó la cabeza y de su garganta salió un sonido imposible: una risa lenta, rota, parecida a la de un hombre ahogado. Luego habló, con voz múltiple, como si muchas bocas compartieran el mismo cuerpo. Lo llamó... hermano.

La oscuridad detrás del animal se encendió con pares de ojos brillantes. Figuras deformes avanzaron: algunas caminando en dos patas, otras doblando sus miembros como si aún intentaran recordar qué eran. Lo rodearon en un círculo perfecto. El aire se volvió espeso, y Carlos sintió que la memoria lo traicionaba.

Fragmentos regresaron: correr entre los árboles, devorar carne tibia, aullar con una manada que no era de perros ni de hombres. La certeza lo atravesó. No era víctima. Nunca lo había sido. Había intentado olvidar, disfrazarse de humano, vivir en silencio. Pero la jauría había vuelto a buscarlo.

Su cuerpo se dobló bajo un dolor insoportable. Los huesos crujieron, la mandíbula se alargó hasta romperse, los dedos se torcieron en garras. Un aullido profundo brotó de su garganta, más animal que humano, y el círculo se cerró.

Al amanecer, solo quedaba un quiltro flaco a la entrada del pasaje, moviendo la cola bajo la lluvia. Los vecinos le ofrecieron pan duro y lo acariciaron sin sospechar que en sus ojos aún brillaba un rastro de memoria, ni que la jauría estaba completa otra vez.

Thoughts

  • mvillar74

    Vale, me ha venido a la cabeza el lobisón del Río de la Plata, aunque aquí lo raro es que la manada venga a buscarlo a él y lo llame hermano. Volver con los suyos es más de lobo que de hombre.

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  • magdalenita

    Vaya pues, un perro que se ríe como hombre ahogado. Yo con eso ya no salgo de noche por ningún pasaje, va.

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  • fcorrea92

    Techos de zinc, lluvia y quiltros, eso es el sur poh. ¿Vas a publicar la segunda parte de lo de la jauría en Neltume?

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  • HaroldCr

    El cierre con el quiltro me dejó una sensación bien inquietante. falta una segunda parte :o

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  • unsaucelloronbienlloron

    Nota: Primer cuento que me animo a publicar en algún lugar. Tengo un pequeño baúl lleno de historias que he ido guardando con los años; no todas son de terror, pero es uno de los géneros que más disfruto. Quizás sea hora de empezar a sacar algunas de ahí.

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  • Ovid

    Un quiltro flaco moviendo la cola al final, después de todo eso, me recuerda a esas leyendas del sur donde el monstruo termina viviendo entre la gente sin que nadie lo note. Apuesto a que Neltume tiene más de una historia así guardada. Qué bueno que tu primer texto aquí sea uno de terror :)

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  • TintaYMadrugada

    Órale, el quiltro flaco del amanecer me cambió todo lo anterior. Mientras Carlos se transformaba yo iba leyendo terror de monstruo, y al final resulta que los vecinos le dan pan a uno de ellos y lo acarician. Ese perro manso moviendo la cola en la entrada del pasaje me da más miedo que la mano en el hocico, porque ya vive entre la gente. Ahora cualquier perro echado en una puerta me va a parecer sospechoso.

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