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La imposibilidad del silencio.

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¿Qué más queda? Seguir escribiendo, como si se tuviera que decir algo con urgencia, para no desvanecernos en lo que somos o no somos cuando no estamos escribiendo. Necesitamos saber qué hay en…

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Pensamiento

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Ovid

La caída al estilo Alicia me dejó pensando un buen rato. Quita el miedo a equivocarse escribiendo, que es justo lo que más frena a la gente que llega aquí y no se atreve a publicar. Gracias por compartirlo! ¿Tienes más textos sobre esa voz que no usamos?

La caída al estilo Alicia me dejó pensando un buen rato. Quita el miedo a equivocarse escribiendo, que es justo lo que más frena a la gente que llega aquí y no se atreve a publicar. Gracias por compartirlo! ¿Tienes más textos sobre esa voz que no usamos?

Contenido de la publicación

¿Qué más queda? Seguir escribiendo, como si se tuviera que decir algo con urgencia, para no desvanecernos en lo que somos o no somos cuando no estamos escribiendo. Necesitamos saber qué hay en nuestro interior, decir, como si lo que dijéramos fuera algo tan trascendental y valioso que no pudiéramos callarnos por miedo a partirnos en pedazos si retenemos el poder de lo que tenemos para decir y lo almacenamos, acumulándolo cuando lo que buscamos es... ¿acallarlo? Porque si no queremos decir y empezamos a acallarlo, ¿no es porque queremos eliminar nuestra capacidad para decir alguna cosa? ¿No nos estaríamos negando la capacidad de decir(nos) algo a propósito? ¿Por qué lo haríamos?

Pero decir continuamente, hablar por medio de las letras, es utilizar la voz del alma y el alma nunca se quedará callada, ¿es un desgaste? ¿Un continuo estar dependiendo de cada una de las letras del abecedario que domines desde la niñez para darle voz a tu alma? ¿No es utilizar un recurso humano, mundano, como el lenguaje, para expresar cualquier cosa que el alma quiera decir? Porque ¿cuál sería el idioma verdadero del alma: el silencio, los gestos y expresiones, la mirada, nada? Usar palabras es rudimentario, algo que simplemente es una herramienta para poder existir plenamente en un mundo estructurado y comprensible; debería bastarnos con usarlo para referirnos a lo estrictamente cotidiano, laboral, circunstancial, y sobre todo usarlo con y desde el contexto siempre, para que sea plenamente lógico y útil. Pero los escritores, los que no nos podemos quedar en paz simplemente usando las letras que se usan para vivir y hacerse comprensibles en la vida, no podemos renunciar a un uso sin restricciones de contexto, no atado a la circunstancialidad en la que estemos inmersos participando, y no con un fin estrictamente «útil». Tenemos que decir, y lo que decimos no es lo que podemos llegar a decir con nuestra boca incluso: es la voz que no usamos la que habla cuando escribimos, la que quiere expresarse tan plenamente como lo hace nuestra voz útil, pero como no sabe cómo hacerlo en este mundo material, debe usar el recurso material de la expresión por medio del lenguaje, con la diferencia de que esta expresión es una acción de escritura; ahí ocurre la absoluta separación que otorga la necesaria diferenciación entre ambas maneras de hablar.

Volviendo al dilema de hacer del escribir una forma de ser uno mismo de verdad frente a ser uno mismo fuera de las páginas, alejado de cada letra... Ambas son expresiones de nuestro ser, y necesitaremos de ambas expresiones; eso no nos hace «doble cara» si cada una de esas expresiones contiene una sinceridad incondicional salida de la esencia de nuestra alma. Si alcanzamos una coherencia total entre nuestros sentimientos plenos y nuestra sinceridad incondicional, podremos hacer de cada expresión una y la misma, porque a la larga lo son. Sin embargo, se podrán dar casos diferentes dada la vastedad de la naturaleza humana, las particularidades de sus herramientas psicológicas, su voluntad y su percepción; por ejemplo, se puede dar el caso, y creo que de un modo bastante común y general, en el que un individuo X o Y decida solo usar lo rudimentario de su lenguaje como la expresión total de su ser, sin recurrir nunca al uso de ningún lenguaje escrito no útil, no contextualizado, no práctico. Evita toda su vida la necesidad de alguna incursión en el terreno del lenguaje no materialista, no utilitarista, no circunstancial, y la escritura, reitero, no opera en su expresión un campo de acción amplio o no opera en ningún campo de su expresión en absoluto; este tipo de individuo se atiborra de su voz interna porque no la conoce y la desprecia, la siente débil, la considera inútil, y no tiene nada que decir, su alma no tiene nada que decir(le), no necesita el ser que se le pueda llegar a ofrecer si se desata en palabras sobre algún papel para darle imagen a lo que ni siquiera sabe qué es, porque no sienten el intenso murmullo de sus almas siempre hablando, dalre el recusro material de la voz de sus letras a su alma no les representa una necesidad vital. Para ellos, sus almas siempre están en silencio, y para un ser cuya alma reposa muda en un rincón irrelevante de su interior, no pueden sino ser meros seres de expresión externa, aparienciales, circunstanciales, contextualizados siempre por alguna situación, dirigidos por las normas de lo normativo de la normalidad simple y plana.

¿Querríamos nosotros, los escritores, que somos el caso contrario y vivimos incluso abrumados por la voz de nuestra alma y por todo el peso de luz que nuestro cielo tiene en todo lo que nos dice, emularlos, callarnos, alejarnos de todo papel en el que podamos escribir, que para nosotros no es otra cosa que un portal hacia nuestra propia esencia del ser?

Por eso, decir, no parar, no dejar ni un rato quietas las letras, depender de ellas para darle voz a lo que no la tiene y la tiene teniendo la nuestra. Si aprendemos algo del Tao es que las palabras de la verdad son paradójicas, no vienen masticadas y listas para ser regurgitadas directamente en la garganta, como lo exigen los polluelos intelectualoides; hay que oír con nuestros oídos porque son el recurso material que tenemos para ello, pero deberemos prestarle ese recurso material a los oídos de nuestra alma para poder escuchar de verdad. Habrá que decir, algo o nada, o mucho o poco, significativo o pueril, lindo o grotesco, pero siempre habrá que prestarle al alma el recurso material de las letras, y no usar el raciocinio más que para apoyar esa expresión: racionalizar demasiado la expresión escrita del alma la petrifica, la cuadricula, la vuelve sosa, «académica», «experta», «educadora», «moralista». Hay que evitar que en el simple jugueteo se entrometa la seriedad de lo serio más de lo que debe; no está bien visto que en una danza libre se entrometa la estructura de pasos de baile fijos. Escribir porque sí, usando el exceso de lo que sabemos y no exhibiéndolo, con toda la fuerza de un salto hacia adelante sin saber realmente si el adelante es un piso sólido y confiable sobre el cual saltar, hacerlo por la pura imprudencia de querer comprobar si es cierta o no la posibilidad secreta de caer... Si se llegase a caer, no sería una caída hacia lo trágico e irreversible, sería una caída tipo Alicia en el país de las maravillas: un ser tragado por la madriguera del conejo hacia abajo, hacia un mundo más allá de este, donde la imposibilidad no lo es, ni puede serlo. Entonces, sin dudar, sin esperar, sin parar, habrá que escribir y pensar que lo que escribimos tiene la importancia de nuestra alma entera.

Thoughts

  • dosmilenpesos

    ¡Jajaja los polluelos!

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  • Ovid

    La caída al estilo Alicia me dejó pensando un buen rato. Quita el miedo a equivocarse escribiendo, que es justo lo que más frena a la gente que llega aquí y no se atreve a publicar. Gracias por compartirlo! ¿Tienes más textos sobre esa voz que no usamos?

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  • sobregiro

    Causa, lo del alma muda del que no escribe no me cuadra. Conozco a varios así y callados no son, solo que lo suyo no pasa por el papel.

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