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La ilusión de la "verdad"

Flemancoholica

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Nos encontramos en una época en la que tenemos acceso a más información que cualquier generación anterior y aun así, estamos cada vez más confundidos, precisamente porque permanecemos rodeados de respuestas, pero cada vez nos cuesta más saber qué preguntas deberíamos hacernos, y la información nos cae encima como una lluvia interminable de datos, como rayos estruendosos de opiniones, estudios y verdades que se contradicen entre sí.

Y mientras creemos que estamos despertando a una verdad, es probable que solo nos estemos tragando nuevas formas de sugestión o manipulación.

En el libro Psicología de las masas que fue publicado en 1895, el autor Gustave Le Bon escribió acerca de como las personas pueden llegar a aceptar una idea por su repetición (efecto de verdad ilusoria) por el prestigio de quien la pronuncia (falacia de autoridad), o simplemente porque todos a su alrededor parecen creer en ella (falacia ad populum).

A veces es tan sencillo convencernos que solo basta con que una idea nos resulte familiar, tranquilizadora o nos permita seguir perteneciendo al mundo que creemos conocer, y esto sucede con la política, la religión e incluso con la ciencia.

Para aseverar cualquier afirmación, podríamos empezar por preguntar quién la formuló, cuándo apareció, qué pruebas presentó, quién la difundió y si existen estudios o razonamientos que la refuten, para por lo menos tener un atisbo de seguridad, sé que se nos iría la vida en ello es por eso que muy sabiamente sócrates decía "sólo sé que nada sé", y Aristóteles " el conocimiento es humilde y la ignorancia arrogante", porque es muy fácil afirmar ideas que solamente confirmen lo que creemos saber,sin haberlas comprobado.

Y es triste decirlo pero ya que el humano es manipulable y ciertamente corrompible se ha sobornado también al conocimiento, por ejemplo en la ciencia, aunque sea una de las herramientas más extraordinarias que hemos creado para comprender la realidad, no impide que detrás de la ciencia, haya corporaciones y personas, y detrás de algunas de ellas, intereses económicos capaces de condicionar qué se estudia, qué se publica y qué se prefiere mantener en silencio.

La industria de las corporaciones tabaqueras más poderosas de EE. UU. (como Philip Morris, R.J. Reynolds y Brown & Williamson). Durante décadas sembraron dudas sobre los peligros del cigarrillo y promovieron que fumar era inocuo para la salud, tambien la industria azucarera financió investigaciones que restaron importancia al papel del azúcar en las enfermedades cardiovasculares (investigar a Robert Hockett).

En este caso del tabaco dos valientes develaron la verdad, Sir Richard Doll que demostró con datos matemáticos que el tabaco provocaba cáncer, y en 1964 el doctor Luther Terry lo confirmó en un histórico informe oficial.

No significa que toda la ciencia esté corrompida, sino que sería ingenuo imaginar que el conocimiento humano puede escapar de las mismas estructuras injustas de poder que atraviesan el resto de nuestra sociedad. Es importante tener conciencia de que el dinero puede comprar publicidad, influencia y el silencio de aquellos cercanos a la verdad, puede conseguir que una mentira tenga más difusión para vender una idea que vaya a favor de intereses.

Dicho esto cabe Resaltar que tampoco encuentro libertad en desconfiar de todo porque rechazar automáticamente lo que dicen las instituciones no nos convierte en seres más lúcidos, a veces solo nos hace prisioneros de otra narrativa, cambiamos una autoridad por otra, una creencia por una sospecha y terminamos convencidos de haber escapado de la manipulación cuando quizá únicamente hemos cambiado de amo. Desconfiar puede ser el comienzo de una investigación; no debería ser su conclusión.

Quizá deberíamos detenernos a observar cuántas de nuestras convicciones nacieron de una reflexión propia y cuántas fueron depositadas lentamente en nuestra mente mediante la repetición, el miedo, la educación o la necesidad de sentirnos parte de algo. No es una pregunta cómoda. Exige reconocer que nuestra propia conciencia puede ser un territorio conquistado por ideas que jamás examinamos.

Siempre me ha parecido que la humanidad posee una capacidad extraordinaria para crear y, al mismo tiempo, una desconcertante facilidad para destruir. Construimos conocimientos capaces de transformar el mundo, pero también sistemas que convierten esos conocimientos en mercancía. Buscamos comprender el universo mientras seguimos atrapados en conflictos absurdos, ambiciones y luchas por el poder. Somos capaces de descubrir las leyes que gobiernan la materia, pero todavía nos cuesta reconocer las fuerzas que gobiernan nuestras propias creencias.

Sospecho de cualquier sistema que pretenda liberarnos del esfuerzo de pensar. La verdad no debería necesitar que renunciemos a nuestra capacidad de cuestionar. Y ninguna autoridad, por prestigiosa que sea, debería estar por encima de las pruebas.

Sin embargo, cuestionar no significa exigir una certeza absoluta antes de aceptar cualquier conclusión. En la vida real trabajamos con grados de evidencia. Podemos preguntar qué tan sólida es una afirmación, qué limitaciones tiene el estudio que la respalda, qué consenso existe entre especialistas y qué nuevos datos podrían modificarla. La honestidad intelectual no consiste en decir “todo es relativo”, sino en ajustar nuestra confianza a la calidad de las pruebas.

Todo esto lo digo como alguien que muchas veces ha caido en la banalidad de la información, me he creido ideas sin sustento ni lógica, he interiorizado afirmaciones sin pruebas, y todo porque me hacían sentir mejor o iban con mis ideales del momento, pero ahora me estoy resarciendo y enmendando los errores de mi propia humanidad, porque estoy siendo conciente del daño que puede ocasionar la desinformación y la ignorancia, quizá no se note de forma individual, pero si definitivamente de forma masiva, porque como humanidad no podemos resolver problemas si cada uno vive en su propio mundo.

No sé si algún día seremos capaces de construir una sociedad en la que el conocimiento esté verdaderamente al servicio de la vida y no de la competencia, el dinero o la dominación, pero sí creo que mientras sigamos confundiendo popularidad con verdad, autoridad con sabiduría e información con conocimiento, continuaremos girando dentro de la misma maquinaria, creyendo que avanzamos porque cada día sabemos más cosas.

Quizá el primer acto de rebeldía no consista en descubrir una verdad oculta, sino en aprender a mirar de nuevo aquello que todos dan por sentado, en reconocer nuestra ignorancia sin sentirnos inferiores por ello y sobre todo en aceptar que podemos estar equivocados y que cambiar de opinión no es una derrota,al final, lo verdaderamente peligroso no es vivir sin todas las respuestas. Es vivir convencidos de que ya las tenemos.

Aparte de la ambición humana y la concentración del poder en solo unos pocos individuos, no podemos hablar de todo esto sin mencionar a un sistema que ha convertido casi todo en un negocio, incluso la salud, el conocimiento y la vida misma, y quizás no podamos cambiarlo todo, ni escapar por completo de las contradicciones de nuestra época. Pero todavía podemos elegir qué clase de personas queremos ser, hay que admitir hemos convertido a unos cuantos millonarios y billonarios en nuestros amos, y me da tristeza pensar que si nosotros el 98% luchamos contra el 2% y ganamos, otros iguales en pensamiento y maldad tomarán su lugar.

Lo ideal sería hacer un mundo completamente nuevo donde predomine la humildad al orgullo, la conciencia a la obediencia ciega, la unión humana a la ambición sin límites. Donde se valore más la experiencia, un lugar donde no necesitemos sentirnos superiores al resto ni competir, donde vivir no consista en acumular cada vez más, sino a existir en igualdad sin destruir a otros en el intento.

    Thoughts

    • tuco

      Lo del mundo completamente nuevo no me cierra, pues. Un instrumento viejo se arregla pieza por pieza, y el que lo desarma entero para hacerlo de cero casi nunca lo vuelve a armar.

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    • VictorAmaya

      Lo de cambiar de amo lo he visto de cerca: gente que dejó la iglesia y a los dos años repetía a un youtuber con la misma fe. Casi nadie se queda en una creencia por flojera de pensar. Se queda porque irse cuesta los amigos.

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    • Ovid

      La confesión del final, la de haberte creído cosas porque te hacían sentir mejor, a mí me parece lo que más pesa del texto, porque lo del tabaco y el azúcar se discute con datos y eso no. Sospecho que mucha gente va a leer esos casos pensando en los demás, y ese párrafo los devuelve al espejo.

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