¿Quién eres cuando nadie te observa,
cuando el mundo se aleja y el ruido se disuelve,
cuando ya no necesitas aparentar
y solo queda tu verdad frente al espejo al mirar?
Quizá somos aquello que nadie conoce,
las preguntas que escondemos por temor,
los sueños que guardamos en silencio
y las dudas que conversan con nuestro interior.
La vida nos enseña a mostrar una sonrisa,
a decir “estoy bien” aunque no sea verdad;
pero detrás de cada rostro que camina
existe un universo buscando claridad.
No todo silencio significa estar vacío,
ni toda sonrisa significa felicidad;
a veces el alma necesita estar a solas
para escuchar su propia verdad.
Crecemos creyendo que debemos tener respuestas,
cuando quizá aprender consiste en preguntar;
porque quien acepta que no lo sabe todo
también comienza de verdad a despertar.
El tiempo nos cambia sin pedir permiso,
nos quita certezas, nos obliga a crecer;
y un día comprendemos, casi sin darnos cuenta,
que cambiar no es perderse… es volver a renacer.
Tal vez la vida no tenga una respuesta perfecta,
ni un camino escrito que debamos seguir;
tal vez su misterio más grande sea este:
que tenemos que vivir para poder descubrir.
Y cuando algún día volvamos la mirada
hacia todo aquello que dejamos atrás,
veremos que cada caída inesperada
también nos enseñó a caminar en paz.
Quizá no vinimos para entenderlo todo,
ni para encontrar respuestas al comenzar;
vinimos a vivir, a caer y levantarnos,
a equivocarnos, aprender y volver a intentar.
Porque al final, cuando el silencio llegue
y el tiempo sus últimos pasos quiera dar,
no importará cuánto supimos del mundo,
sino cuánto aprendimos a mirar.
Y quizá entonces, sin miedo ni prisa,
cuando ya no haya nada que demostrar,
entendamos que la vida fue un misterio hermoso
que solo se revela…
cuando aprendemos a vivir de verdad.
__Athena