La bailarina y el soldado de plomo me hizo pensar en cómo uno se vuelve pequeño sin una persona. Y al mismo tiempo, en cómo eso te deja entero de otra forma. Se nota que lo que escribiste no fue pensado; fue sentido de verdad mientras escribías. Eso es lo que queda cuando termina.
Fuga de océanos de Tinta
Mil novecientas noventa y seis palabras bastaron para declararme en abstinencia de mí mismo, de los míos, Y de todo el cosmos acallado conocido. Ya ante el jolgorio de lo que una vez existió como un…
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La bailarina y el soldado de plomo me hizo pensar en cómo uno se vuelve pequeño sin una persona. Y al mismo tiempo, en cómo eso te deja entero de otra forma. Se nota que lo que escribiste no fue pensado; fue sentido de verdad mientras escribías. Eso es lo
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Mil novecientas noventa y seis palabras bastaron para declararme en abstinencia de mí mismo, de los míos, Y de todo el cosmos acallado conocido. Ya ante el jolgorio de lo que una vez existió como un soldado de plomo ante una bailarina, junto al coronario fuego de la vida; bastó para que, al tener la vastedad de soñarte, siempre fuere como siempre, el plan para que siempre imaginé en tus besos sobre el oráculo mis mejillas. Y, sobre todo, en mi corazón. Agradecido por tenerte junto a mí.
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PermalinkAy.
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PermalinkLa bailarina y el soldado de plomo me hizo pensar en cómo uno se vuelve pequeño sin una persona. Y al mismo tiempo, en cómo eso te deja entero de otra forma. Se nota que lo que escribiste no fue pensado; fue sentido de verdad mientras escribías. Eso es lo que queda cuando termina.
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PermalinkQué bonito que uses mil novecientas noventa y seis palabras para llegar a eso! Es ese tipo de cosa que alguien cuenta después de años.
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