Soy un poeta de cama, triste y solo, con vacíos en el alma e incomprendido afuera.
En una cama vacía, triste y sola, que me da comodidad e inspiración.
Soy una espalda en llagas, adolorida y granienta;
creía en un Dios que haría justicia al mal del mundo.
En cama sucia escribo palabras; soy un escritor triste, nunca le he escrito a alegría.
Un malagradecido sin nada de gratitud: cuando conocí a Cristo, le escribí para quejarme.
Soy un supuesto poeta, siempre repito lo mismo; me quejo al mundo y su tarea pendiente de hacerme feliz.
— Jorge Guzmán