¿Por qué llora mi madre?
En la planta de abajo se oyen llantos: gotas de lágrimas cayendo como una gotera. Un mal presentimiento me recorre, tal vez sea otra mala noticia.
¿Por qué llora mi madre?
No se siente el calor por ningún lado. No hay sala donde estar, ni nada que celebrar. Donde antes había de todo, ya no queda nada: solo permanece ahí la gran casa, vacía por dentro, incluso sin amor.
¿Por qué llora mi madre? —me pregunto a mí mismo.
Bajo las escaleras, con el pecho apretado por el miedo a lo que pueda encontrar. La veo: está en el comedor.
—¿Por qué lloras, madre? —le digo sin rodeos.
Ella me mira: sus ojos se han vuelto mar. Yo la observo, y su tristeza se me mete dentro, hasta contagiarme por completo.
¿Por qué llora mi madre? —pregunto en silencio a Dios.
Voy hasta la cocina, doy dos vueltas sin saber qué hacer y regreso al comedor. Tengo frente a mí un pan duro, arroz crudo y azúcar glas. Ella sigue recostada sobre sus brazos, y lo único que se oye son sus sollozos y suspiros. Yo voy desmenuzando el migajón del pan, chupo mis dedos y los cubro de azúcar.
¿Por qué llora de nuevo? —pregunto al viento.
¿Por qué llora mi madre? —me pregunto mientras como el pan duro con un poco de azúcar glas.
Sobre la mesa todo está claro: una demanda, recibos que pagar, y la verdad: un padre que recién se ha ido… no escapó, simplemente se marchó.
¿Por qué lloran mis hermanos? ¿Y mi madre? —me da miedo sentir lo que ellos sienten.
Suenan llamadas una tras otra: de la compañía fúnebre, de su trabajo, del banco… de todas partes.
Ella intenta levantarse para atenderlas, ve lo que hay, y vuelve a derrumbarse.
Miro hacia la calle; parece llamarme, allá se ve diversión. Tengo diez. Salgo, dispuesto a ser feliz.
Me quito de encima todo el dolor, mientras allá adentro siguen escuchándose los llantos.
— Jorge Guzmán