Un dolor sin medicamento.
La mirada absorbida por un ciclón de sentimiento puro.
Eso era… eso era ayer.
Al menos, eso es lo que decía mi libreta.
Hoy es hoy, y es un nuevo día; bueno… tal vez.
Cristo está presente en esta mañana, y yo me preocupo por el otro día.
Pero: un día a la vez. Un día a la vez.
El día tedioso, la tarde calurosa; se acerca la salida. Un día estresante.
Un dolor sin medicamento.
La mirada absorbida por un ciclón de sentimiento puro.
Eso fue hoy… y ayer.
Al menos, eso es lo que decía mi libreta.
Cristo está presente esta mañana, y yo me preocupo por el ayer y por el hoy.
Pero: un día a la vez. Un día a la vez.
El día horrible. Peleé con un poste de luz; creí que podría ganarle.
Un dolor en los nudillos, sin medicamento.
La mirada pegada en un móvil, donde mi poesía es rechazada. Digo: si se adhiere, se adhiere; si no, inadhérida estaba.
Cristo está presente esta noche, y yo me preocupo por el ayer, por el hoy y por la cena de mañana.
Pero: un día a la vez. Un día a la vez.
— Jorge Guzmán