Y lo que daña el pensamiento, las voces ¡INOCENTES! susurran y se escabullen, entre las paredes.
en la ausencia del Poderoso, las mismas de tristeza se tiñen.
y se colorean de una inocencia, que ¡ENGAÑA Y ENFERMA! La inconciencia es lo que viste de un traje negro, y su boca es color... es ¡COLOR! ¡fuego! Y mi alma se aflige desconcertada pues no sabe qué es lo que sucede.
pero nada es real.
nada es reaaaaal.
Mi Dios en cambio, es mi Dios.
Protege mi mente.
las pestañas y párpados se cierran y se siente un calor como del sol directo a ellos, ¡él quema! mis manos se levantan solas y mis rodillas se doblan y raspan en el piso, me postro ante la nada, pero yo sé que él ve ¡YO SÉ QUE EL VE!
el removedor quita lo sucio de los muros, se pintan de blanco, uno puro.
las manos del Rey; en ellas se ven miles de letras y oraciones pegadas, llegó a escucharlas.
«¡ÉL, ES ÉL!»
dice en un susurro la voz que és inocente, y se esconde debajo del sofá, después de la cama y al último del escritorio, y quiere escapar de él, pero no puede...
abro mis ojos y no hay nada
n-a-d-a.
el corazón como que me late, y mis manos están cálidas, el traje negro esta en el piso y yo estoy observandolo, se fue, se fue, !lo que teñia los muros! se fue...
¿por qué no estás leyendo esto como si te lo estuviera susurrando al oído?
¡JAJAJJAJAJJAJA!
y de repente todo es silencio
¡SILENCIÓ!
el Señor es bueno, muy bueno conmigo.
— Jorge Guzmán