Nada es mío, todo es robado.
El talento entre los dedos y las cuerdas, las hojas y las letras: nada es mío, todo lo he robado.
La mente y pensamientos hondos, luminosos y confusos: nada ha nacido de mí, todo me lo he robado.
La filosofía y vocablos, horas extendidas de lo que hablo, filosofando y filosofando: nada sale de mí, todo lo he robado.
Los poemas que he leído, de los libros que he aprendido, los escritos manuscritos: nada, nada, nada es mío; todo lo saqué del libro.
Nada le he robado a Dios: todo me lo ha dado Él. Nada de lo que sé sé; repito lo que se sabe.
No hay nadie que sepa nada, mas Dios lo sabe todo. Quien crea que sabe algo, en realidad es un gran bobo.
No hay nadie que sepa nada, solo lo que ya se sabe.
El pensamiento no es suyo: lo ha adoptado como suyo, pero nada es de él, ni nunca será de nadie.
La sabiduría es de Dios; mientras nadie se le iguale, nadie nunca sabrá nada, pues Él es quien todo sabe.
— Jorge Guzmán