La noche, serena noche donde todo calla, nada interviene, la oscuridad arropa la razón y la fe levanta la mirada a la luna. ¡Qué profundo silencio donde se puede reposar! ¡Qué dulce nada! donde la actividad se olvida, solo se vive, solo se Es.
¿Por qué dormir ante este espectáculo? ¿Por qué el cuerpo se une a su encanto y se apaga?. El no saber me llena la razón de suspiros. Sin embargo, Él me sabe. Me atrapa, me contiene. Dios, eres para mí como esta noche, esta dulce noche y no me quiero dormir; o quizá sí! me uniré a Ti entonces y seré silencio, reposo y oscuridad envuelta en tu desvanecida presencia.