Nada bueno puede salir de la lejanía divina.
Incluso cuando se trata de dejarse llevar, estás a la vanguardia.
Todo el tiempo pensando en la historia, en las parábolas y en la filosofía.
Y sigues sin creer; creíste queriendo hacer de ti una persona diferente. Pero has quedado en obra negra, te has quedado a la mitad, no has completado lo que querías; sin embargo, ahora que puedes, ya no quieres.
Ayer soñé que podía.
Que me levantaba y alzaba mis manos al cielo, esperando nada, solo agradeciendo.
Que me duchaba después de tanto tiempo e iba en la mañana a escuchar.
Me sentaba y abría mi libro, oía y leía, aceptaba los consejos y desechaba la maldad. Acechaba a la santidad y la emboscaba para hacerme con ella.
Despojándome del mal, como alguna vez lo hizo Él.
Ayer soñé que de verdad podía, y me levanté mintiéndome; alcé mis manos sin buscar una emoción, solo esperanza… y no pasó nada. Ni quería sentirlo, ni tenía fe en hacerlo.
Una lámpara de sobremesa que poco a poco va agotando su energía, hasta dejar solo penumbra donde antes había luz verdadera.
Y ayer soñé que podía… y hoy me levanté y vi que solo soñaba.
— Jorge Guzmán