Ya no deseo servir a Dios, he perdido el fervor y también el temor, infinidad de cosas, el amor, irrita mi alma no conocer la razón.
La gente dice que ayune, que lea, que ore, que confíe, que llore, que tal vez eso me ayude.
Fui testigo de cuando todo comenzó, no fue con desobediencia, realmente perdí la chispa, no fue por el pecado, realmente perdí el amor.
Y ahora triste en la pendiente, solitario y ya vencido, yo me quiero confesar.
De mis labios embusteros, solo salen más mentiras, pretextos y calumnias, resguardando la verdad.
Voy con los días siempre grises, con antiguas cicatrices, que hoy he vuelto a desgarrar.
Nuevamente entre la cama, la cobija aplasta mi alma y me impide despertar, sueño con un pasado que odio, el presente se me escapa y se que nunca volverá.
— Jorge Guzmán