Al cabo de tres horas
me sentí satisfecho.
Nunca tanto había comido
sin pensar
sin control
sin vergüenza
sin asco.
Tomates,
ravioles,
mandioca,
mentiras,
ajo,
lentejas,
achuras,
rabia,
sal,
harina,
merluza,
silencio,
huevos,
chorizos,
cebollas,
lágrimas.