Mi única querida y amada,
Mis ojos ya no beberán tu imagen
como quien bebe el vino lentamente
Para guardar su fuego entre los labios.
Ya no podré seguir tu dulce gracia
con esa larga mirada que era un beso,
ni contemplar la luz de tu semblante
Cuando la aurora entraba en nuestro lecho.
La oscuridad desciende sobre mí;
La noche va cubriendo cuanto miro.
Tu rostro se deshace ante mis ojos,
Pero jamás dentro de mi memoria.
Porque allí permanecen esculpidos
la claridad serena de tus ojos,
la curva de tu boca y aquel instante
En que por vez primera yo te vi.
Me basta con pensarte para verte.
Me basta pronunciar tu nombre, Adela,
para que nuevamente se ilumine
El mundo que se apaga ante mis ojos.
Adiós, tesoro mío, amor del alma;
aunque parezca alejarme de tu lado,
ningún camino puede conducirme
A un sitio donde tú no estés conmigo.
Nunca estaré verdaderamente lejos,
pues vive en ti una parte de mi vida
y llevo yo, en la región desconocida,
Todo el amor que tú sembraste en mí.
Cuando atraviese el último umbral
y entre en el otro mundo que me espera,
seguiré amándote sin medida,
Como te amé en la tierra y en el tiempo.
Mi corazón está en paz con este mundo,
porque una vez te tuve entre mis brazos;
porque escuché tu voz junto a la mía
Y conocí el calor de tus abrazos.
Tuve a la más hermosa de las mujeres,
pero también a la más noble y sabia;
Fuiste mi compañera y mi refugio,
La luz que caminaba por mi casa.
No lloro por el tiempo que termina:
Agradezco los años compartidos,
cada alegría, cada desventura
Y cada amanecer que hemos vivido.
El tiempo puede separarnos hoy,
pero el amor no sabe de distancias;
La muerte es solamente aquella puerta
Que cruzaremos en distintas horas.
Por eso, amada mía, no pronuncio
la palabra final de los adioses;
Te dejo entre mis versos la promesa
De hallarte más allá de todo nombre.
Y cuando llegue para ti la tarde
y cruces el umbral hacia mi encuentro,
Reconoceré tus pasos en la sombra
Y volveré a mirarte como entonces.
Esto no es un adiós, querida Adela:
Es una breve pausa en el camino.
Yo esperaré por ti en el infinito.
Esto no es un adiós, sino un hasta luego.