Digamos que fue el calor. El hueco inmóvil de la siesta empapó la vértebra, saturó de líquido las grietas y las comisuras que se habían olvidado su nombre. Sí. Sí. Brotan urgencias mientras va callando la casa y todo lo que yace, fermenta. Hedores de fruta abierta, cloro, olor del pulmón filtrando aire espeso ya rancio en su base. Sí. Olor de la prisa cuando de niño la pierna por el patio corría. Sí. Y más allá los tendidos eléctricos, con pájaros, las rutas abriéndose… Todo el ras del cemento en vaho. Más angustia detonada en los ruidos secos de la persiana. Oh oh oh. La memoria se ve forzada, el espacio cede amontonándose en bloques densos, el zumbido disuelve el calcio de las rodillas, los meniscos tiernos. Esa es la marca de la fiebre inminente un día. Cicatriz, la imagen retiene el gesto en gerundio eterno frente al espejo. Ahora en la sien, ahora en el tobillo que se hincha, en el calor. Traidor. El jardín de las delicias revuelto en la baldosa donde ocurre al unísono, todo. Idéntico. El calor, los suelos de hace un siglo exhalando vapor de bestia, un poco de saliva en la almohada cayendo hacia el suelo. No hay desenlace, todo está en el mismo sitio.
SISO CAN | Sofocación por verano - Prosa poética.
Digamos que fue el calor. El hueco inmóvil de la siesta empapó la vértebra, saturó de líquido las grietas y las comisuras que se habían olvidado su nombre. Sí. Sí. Brotan urgencias mientras va…
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Thoughts
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PermalinkLos suelos de hace un siglo soltando vapor de bestia son justo el calor de las casas viejas en agosto, cuando a la hora de la siesta nadie se mueve y el silencio tiene su propio ruido. Da la impresión de que todo el texto está escrito desde esa quietud, con el cuerpo inmóvil y la memoria como lo único que corre :)
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PermalinkCíclico, ahorcante, cansador en extremo como el calor.
Para prosa lleva la narrativa de una buena poesía.
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PermalinkUf, qué bochorno 🥵
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