Daniel no me cierra. Te escuchó ayer, sabe lo de Valglot, el hermano no quiere que nadie vea el video pero se lo manda a él anoche, y justo cuando lo ven en la plaza aparece el tipo parado mirándolos. Yo pongo plata a que el papel de la mochila lo dejó Daniel o alguien de su casa, para ver si Leo picaba. Lo único que me bota la teoría es que palidezca cuando Leo saca el papel. Si ese susto es actuado, el cabro es bueno.
El diario de Valglot :capítulo 3
Pensamiento
Daniel no me cierra. Te escuchó ayer, sabe lo de Valglot, el hermano no quiere que nadie vea el video pero se lo manda a él anoche, y justo cuando lo ven en la plaza aparece el tipo parado mirándolos. Yo pongo plata a que el papel de la mochila lo dejó Da
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CAPÍTULO 3 — NO BUSQUES A VALGLOT
El timbre sonó.
Los estudiantes comenzaron a entrar al salón mientras Leo permanecía sentado, mirando su mochila.
El pequeño papel seguía dentro.
"NO BUSQUES A VALGIOT".
Leo lo sacó nuevamente.
Alice se inclinó sobre su escritorio.
—¿Todavía estás mirando eso?
—Sí.
—Llevas cinco minutos.
—Porque quiero entender quién lo puso.
Alice miró alrededor.
—¿Estás seguro de que no estaba ahí desde ayer?
—Completamente.
—¿Y nadie vio quién lo dejó?
—No.
Leo levantó el papel.
—Además, ¿por qué alguien escribiría esto?
Alice se cruzó de brazos.
—Quizás alguien está intentando asustarte.
—¿Por qué a mí?
—Porque ayer estabas preguntando por Valglot.
Leo se quedó pensando.
—Es verdad.
—Entonces probablemente alguien nos escuchó.
—¿"Nos"?
—Sí. A los dos.
Leo miró hacia la puerta.
—Tenemos que encontrar al chico que nos habló esta mañana.
—¿El del diario?
—Sí.
—No sabemos ni siquiera cómo se llama.
—Podemos preguntarle a alguien.
Alice suspiró.
—Leo...
—¿Qué?
—Creo que estás empezando a tomarte esto demasiado en serio.
—¿Y tú no?
Alice miró nuevamente el papel.
—Sí.
—Entonces estamos de acuerdo.
—No exactamente.
Leo sonrió.
—¿Qué quieres decir?
—Quiero decir que no quiero que terminemos metiéndonos en problemas.
—Solo vamos a hacer preguntas.
—Eso dijiste antes de que empezáramos a investigar.
—Y todavía no hemos investigado nada.
Alice levantó una ceja.
—¿Y el video?
—Eso fue curiosidad.
—¿Y las fotografías?
—Curiosidad.
—¿Y ese papel?
Leo guardó silencio.
Alice sonrió.
—Exactamente.
En ese momento, el profesor entró al salón.
—Buenos días, estudiantes.
Todos se sentaron.
Leo guardó rápidamente el papel en su bolsillo.
Pero antes de comenzar la clase, escuchó una voz detrás de él.
—Leo.
Se giró.
Era **Daniel**, uno de sus compañeros.
—¿Qué?
Daniel miró a Alice y luego a Leo.
—¿Es verdad que estás investigando lo de Valglot?
Leo frunció el ceño.
—¿Quién te dijo eso?
—Nadie. Te escuché ayer.
Alice intervino.
—Solo estábamos hablando.
Daniel acercó su silla.
—Mi hermano también está investigando.
—¿Tu hermano?
—Sí.
—¿Por qué?
Daniel bajó la voz.
—Porque uno de sus amigos desapareció.
Leo dejó de sonreír.
—¿Cuándo?
—Hace dos semanas.
Alice preguntó:
—¿Dónde?
—En un pueblo llamado San Marcos.
—¿El pueblo que está cerca del bosque?
—Sí.
Leo miró a Alice.
—¿Y qué pasó?
Daniel respiró profundamente.
—El chico salió de su casa alrededor de las once de la noche.
—¿Iba solo?
—Sí.
—¿Y nunca regresó?
—Nunca.
Alice preguntó:
—¿Encontraron su teléfono?
—Sí.
—¿Dónde?
Daniel la miró fijamente.
—En medio de la carretera.
—¿Y él?
—Nada.
—¿Ninguna pista?
—Ninguna.
Leo se quedó pensativo.
—¿Y qué tiene que ver eso con Valglot?
Daniel sacó su teléfono.
—Esto.
Les mostró una fotografía.
Era una captura de una cámara de seguridad.
Se veía una calle vacía.
Un hombre caminaba por la acera.
Y al fondo...
una figura enorme.
Alice acercó el rostro a la pantalla.
—¿Es él?
—No lo sé —dijo Daniel—. Pero apareció unos segundos antes de que el chico desapareciera.
Leo amplió la imagen.
—Es demasiado borrosa.
—Lo sé.
—¿Hay otra?
Daniel negó con la cabeza.
—Mi hermano tiene una grabación completa.
Leo levantó la mirada.
—¿Podemos verla?
Daniel dudó.
—No sé.
—¿Por qué?
—Porque mi hermano no quiere que nadie la vea.
Alice preguntó:
—¿Por qué?
Daniel guardó el teléfono.
—Porque dice que hay algo en ella que no debería estar ahí.
Leo frunció el ceño.
—¿Qué significa eso?
Daniel miró al profesor.
—Después de clases les cuento.
Y volvió a su asiento.
Leo miró a Alice.
—Definitivamente tenemos que verla.
—Sí.
—Entonces está decidido.
Alice suspiró.
—Sabía que ibas a decir eso.
---
4:32 P. M.
Las clases habían terminado.
Leo, Alice y Daniel salieron juntos de la escuela.
—Antes de irnos —dijo Daniel—, necesito que me prometan algo.
Leo sonrió.
—¿Qué?
—No le digan a nadie lo que voy a enseñarles.
Alice preguntó:
—¿Por qué?
—Porque mi hermano podría meterse en problemas.
Leo asintió.
—De acuerdo.
Daniel miró a Alice.
—¿Tú?
—De acuerdo.
—Bien.
Los tres caminaron hasta una pequeña plaza.
Se sentaron en una banca.
Daniel sacó su teléfono.
—Mi hermano me envió esto anoche.
—¿La grabación? —preguntó Leo.
—Sí.
Daniel abrió el video.
La grabación mostraba una calle residencial.
Era de noche.
No había personas.
No había automóviles.
Solo una iluminación débil proveniente de las farolas.
—¿Cuándo ocurre? —preguntó Alice.
—A las 11:47.
La grabación continuó.
Un hombre apareció caminando.
—Ese es el desaparecido —dijo Daniel.
Leo observó atentamente.
El hombre caminaba lentamente.
Entonces se detuvo.
Miró hacia atrás.
—¿Qué vio? —preguntó Alice.
—No lo sé.
El hombre comenzó a retroceder.
La cámara captó algo detrás de él.
Una silueta.
Muy alta.
Leo se acercó a la pantalla.
—Pausa.
Daniel pausó el video.
—¿Qué?
—Haz zoom.
Daniel amplió la imagen.
Los tres observaron en silencio.
La criatura estaba parcialmente escondida detrás de un árbol.
Tenía una cabeza alargada.
Dos enormes astas.
Y dos ojos brillantes.
**🔴 🔴**
Alice habló en voz baja.
—Es un venado...
Daniel negó.
—No.
Leo lo miró.
—¿Qué quieres decir?
—Miren las piernas.
Leo volvió a observar.
La criatura estaba completamente erguida.
Sobre dos piernas.
Alice se llevó una mano a la boca.
—Dios...
Daniel continuó.
—Ahora miren el final.
La grabación siguió.
El hombre comenzó a correr.
La cámara de seguridad perdió la imagen durante tres segundos.
Cuando regresó...
el hombre había desaparecido.
La calle estaba completamente vacía.
Pero había algo en medio del asfalto.
Un objeto oscuro.
Leo preguntó:
—¿Qué es eso?
Daniel pausó la grabación.
—No lo sabemos.
Alice miró la pantalla.
—¿Puedes acercarlo?
Daniel amplió la imagen.
Era una especie de pequeño cuaderno.
Leo se quedó inmóvil.
—Eso...
—¿Qué? —preguntó Alice.
Leo sacó lentamente de su bolsillo el papel que había encontrado esa mañana.
"NO BUSQUES A VALGIOT".
Daniel lo miró.
—¿Dónde conseguiste eso?
—Estaba en mi mochila.
Daniel palideció.
—¿Cuándo?
—Esta mañana.
—Leo...
—¿Qué?
Daniel guardó el teléfono.
—Tenemos que irnos.
Alice se levantó.
—¿Por qué?
Daniel miró hacia la calle.
—Porque alguien sabía que íbamos a ver esta grabación.
Leo miró alrededor.
—¿Qué estás diciendo?
Daniel señaló discretamente hacia el otro lado de la plaza.
Había un hombre parado allí.
Completamente inmóvil.
Mirándolos.
Alice susurró:
—¿Lo conocen?
Daniel negó.
—No.
Leo se levantó lentamente.
—¿Y él nos está mirando?
—Sí.
El hombre comenzó a caminar.
Uno...
Dos...
Tres pasos.
Daniel habló rápidamente:
—No lo miren.
—¿Por qué? —preguntó Leo.
—Solo hazlo.
Los tres bajaron la mirada.
Escucharon pasos acercándose.
Luego...
silencio.
Leo levantó lentamente los ojos.
El hombre había desaparecido.
—¿Dónde está? —preguntó Alice.
Daniel miró hacia la calle.
—No lo sé.
Leo respiró profundamente.
—Esto ya dejó de ser un rumor.
Alice lo miró.
—Sí.
Daniel guardó el teléfono.
—Y todavía no han visto lo peor.
Leo frunció el ceño.
—¿Qué quieres decir?
Daniel sacó nuevamente el teléfono.
—Mi hermano encontró algo más.
Abrió una fotografía antigua.
Era una página amarillenta de un diario.
En la parte superior había una fecha de hacía "más de cien años".
Debajo había un dibujo.
Un enorme venado humanoide.
Con dos ojos marcados con tinta roja.
Y debajo del dibujo había una palabra:
"VALGIOT"
Leo se quedó mirando la imagen.
Alice no dijo nada.
Daniel finalmente susurró:
—Mi hermano cree que la criatura de las grabaciones...
Hizo una pausa.
—...es la misma criatura que aparece en este diario.
El viento comenzó a soplar.
Las páginas de la fotografía temblaron en la pantalla.
Y, por primera vez, Leo comprendió que quizás estaban buscando respuestas sobre algo que **llevaba mucho más tiempo observando a los humanos de lo que cualquiera podía imaginar.**
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PermalinkDaniel no me cierra. Te escuchó ayer, sabe lo de Valglot, el hermano no quiere que nadie vea el video pero se lo manda a él anoche, y justo cuando lo ven en la plaza aparece el tipo parado mirándolos. Yo pongo plata a que el papel de la mochila lo dejó Daniel o alguien de su casa, para ver si Leo picaba. Lo único que me bota la teoría es que palidezca cuando Leo saca el papel. Si ese susto es actuado, el cabro es bueno.
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PermalinkUn pueblo chico pegado al bosque y un muchacho que sale solo a las once de la noche: apuesto a que en San Marcos todos sabían algo y nadie habló. ¿San Marcos existe o lo inventaste para la historia?
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