CAPÍTULO 7 — EL CAZADOR TAMBIÉN TIENE MIEDO
El rugido seguía resonando en las paredes del edificio.
**RRRRRRAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHH...**
Leo permanecía inmóvil.
Alice sujetaba con fuerza su brazo.
Daniel no apartaba los ojos de la silueta que estaba al final del pasillo.
El hombre había dejado de hablar.
Ya no parecía estar jugando con ellos.
Parecía estar escuchando.
—¿Qué pasa? —susurró Leo.
El hombre no respondió.
Otro rugido atravesó la noche.
**¡RAAAAAAAAH!**
La silueta dio un paso hacia atrás.
Leo lo notó.
—Tienes miedo...
El hombre levantó lentamente la cabeza.
—No sabes de qué estás hablando.
—Sí sé.
Leo señaló hacia la ventana.
—Tú también le tienes miedo a Valgolt.
El hombre permaneció callado.
Alice susurró:
—Leo, no lo provoques.
Pero Leo continuó.
—Si fueras tú quien controla todo esto, no estarías retrocediendo.
La silueta apretó los puños.
—Cállate.
—¿Por qué?
—¡CÁLLATE!
Su voz resonó por todo el pasillo.
Daniel retrocedió.
—Está perdiendo el control...
El hombre respiró profundamente.
—Ustedes no entienden nada.
Leo dio un paso hacia él.
—Entonces explícanos.
—No.
—¿Por qué estás enviando esos mensajes?
—Porque nadie escucha hasta que tiene miedo.
Alice frunció el ceño.
—¿Y las personas desaparecidas?
El hombre guardó silencio.
—¿Tú las mataste? —preguntó Alice.
La silueta levantó la cabeza.
—Algunas.
Daniel palideció.
—¿Algunas?
—Las otras...
El hombre miró hacia la ventana.
—Las otras fueron encontradas por él.
Leo sintió un escalofrío.
—Valglot.
El hombre no respondió.
Entonces se escuchó algo afuera.
**Toc.**
Todos miraron hacia la ventana.
**Toc.**
El vidrio vibró.
Alice retrocedió.
—No...
**Toc.**
Tres golpes.
El hombre se quedó completamente inmóvil.
Leo lo miró.
—¿Qué pasa?
Por primera vez, la voz del hombre sonó realmente aterrada.
—No hagan ruido.
Daniel susurró:
—¿Por qué?
El hombre respondió:
—Porque ya sabe que estamos aquí.
De repente...
**CRASH.**
Una ventana del segundo piso explotó.
Todos gritaron.
—¡CORRAN! —gritó el detective desde arriba.
Leo miró hacia las escaleras.
—¡¿Detective?!
—¡SALGAN DEL EDIFICIO!
Los agentes aparecieron corriendo por las escaleras.
Uno de ellos tenía sangre en la frente.
—¡¿Qué pasó?! —preguntó Alice.
—¡No hay tiempo!
El detective miró hacia el pasillo.
Pero la silueta había desaparecido.
—¿Dónde está el hombre? —preguntó Leo.
El detective apuntó su arma.
—¿Qué hombre?
—¡El asesino! ¡Estaba aquí!
El detective miró a los agentes.
—Registren el edificio.
—¡Sí, señor!
Los agentes comenzaron a correr.
Entonces...
Algo golpeó la pared exterior.
**BOOOOM.**
El edificio entero tembló.
Polvo cayó del techo.
Daniel gritó:
—¡¿Qué fue eso?!
Otro golpe.
**BOOOOM.**
Alice miró a Leo.
—Está afuera.
El detective levantó la voz.
—¡TODOS AL SUELO!
Todos obedecieron.
El detective se acercó lentamente a una ventana rota.
Miró hacia afuera.
Y se quedó congelado.
Leo lo observó.
—¿Qué ve?
El detective no respondió.
—¡Detective!
Finalmente dijo:
—Las huellas...
Leo se acercó.
En el suelo, frente al edificio, había enormes marcas.
Una.
Dos.
Tres.
Cada huella tenía un tamaño descomunal.
Pero lo peor estaba más adelante.
Las huellas no se alejaban del edificio.
**Se acercaban.**
Leo sintió que el estómago se le cerraba.
—Está viniendo hacia nosotros...
El detective asintió.
—Sí.
Entonces, desde la oscuridad del bosque cercano...
aparecieron dos puntos rojos.
**🔴 🔴**
Alice comenzó a llorar silenciosamente.
—No...
La figura salió lentamente de entre los árboles.
Primero aparecieron los cuernos.
Después la cabeza.
Luego los hombros.
Y finalmente todo su cuerpo.
Valglot.
Tres metros de altura.
Sus largas extremidades colgaban mientras avanzaba lentamente hacia el edificio.
**Paso.**
**Paso.**
**Paso.**
El detective levantó su arma.
—Nadie dispare.
Uno de los agentes lo miró sorprendido.
—¿Por qué?
—Porque no sabemos qué hará.
Valglot se detuvo.
Miró directamente hacia el edificio.
Luego giró lentamente la cabeza.
Sus ojos rojos se dirigieron hacia un punto específico.
Hacia el lugar donde había desaparecido el asesino.
Leo comprendió algo.
—No vino por nosotros.
Alice lo miró.
—¿Entonces por quién?
Leo observó los ojos de Valglot.
—Por él.
Un silencio absoluto cayó sobre el edificio.
Y desde algún lugar cercano...
se escuchó la voz del asesino.
—No...
Valglot giró la cabeza.
El hombre salió corriendo por una puerta trasera.
—¡NO!
Valglot emitió un rugido.
**¡RAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHH!**
Y salió detrás de él.
Leo corrió hacia la puerta.
—¡Tenemos que seguirlos!
El detective lo agarró del hombro.
—¡Ni se te ocurra!
—¡Pero podemos descubrir quién es!
El detective lo miró seriamente.
—Leo...
Señaló la oscuridad.
—Si sigues a esas dos cosas...
hizo una pausa.
—...puede que nunca regreses.
Leo miró hacia el bosque.
Los pasos de Valglot se alejaban.
**BOOM.**
**BOOM.**
**BOOM.**
Y entonces...
todo quedó en silencio.
Pero en el suelo, justo donde había estado el asesino...
había quedado un pequeño objeto.
Un teléfono.
La pantalla seguía encendida.
Leo se agachó y lo recogió.
Había un último mensaje.
> **"SI QUIERES SABER QUIÉN SOY..."**
Leo deslizó la pantalla.
Apareció la segunda parte:
> **"...BUSCA EL DIARIO PERDIDO."**
Leo levantó lentamente la mirada.
Alice se acercó.
—¿El diario?
Leo asintió.
Y debajo del mensaje apareció una ubicación.
**BOSQUE DE SAN MARCOS.**
Daniel palideció.
—Ese es el lugar donde desapareció el amigo de mi hermano
El detective tomó el teléfono.
Miró la ubicación.
Luego miró a Leo.
—Ahora entiendo por qué nos trajeron aquí.
—¿Por qué?
El detective respondió:
—El asesino nunca quiso que encontráramos a Valglot.
Miró hacia el bosque.
—Quería que encontráramos el diario.
Y, muy lejos de allí...
entre los árboles...
algo enorme se detuvo.
Dos ojos rojos aparecieron nuevamente en la oscuridad.
"🔴 🔴"
Continuará...