EL DIARIO DE VALGIOT
CAPÍTULO 1 — UNA TARDE NORMAL
El timbre de la escuela sonó a las 4:17 de la tarde.
—¡Por fin! —exclamó Leo mientras cerraba su cuaderno—. ¡Pensé que esa clase no iba a terminar nunca!
Alice, que estaba sentada a su lado, soltó una carcajada.
—Dijiste exactamente lo mismo ayer.
—Porque ayer también fue eterna.
—Leo, fueron cincuenta minutos.
—Los cincuenta minutos más largos de mi vida.
Alice negó con la cabeza mientras guardaba sus cosas.
—Eres increíble.
Leo se puso la mochila sobre un hombro.
—¿Eso fue un cumplido?
—No.
—Lo aceptaré como uno.
Los dos salieron del salón junto con los demás estudiantes.
Los pasillos estaban llenos de conversaciones, risas y pasos apresurados. Algunos estudiantes hablaban de sus planes para el fin de semana, otros miraban sus teléfonos y unos cuantos corrían hacia la salida antes de que comenzara a llover.
Leo y Alice finalmente cruzaron las puertas principales de la escuela.
El sol de la tarde iluminaba las calles.
—Qué buen clima —dijo Leo.
Alice levantó la mirada.
—Sí. Aunque escuché que esta noche va a llover.
—Entonces tenemos que aprovecharlo.
—¿Aprovechar qué?
—Salir a comer algo.
Alice sonrió.
—Sabía que terminarías diciendo eso.
—¿Qué quieres? ¿Que volvamos a casa con hambre?
—Tú siempre tienes hambre.
—Es una condición médica.
—¿Ah, sí?
—Sí. Se llama "tener ganas de comer".
Alice comenzó a reír.
—Estás loco.
—Pero tienes que admitir que soy divertido.
—A veces.
Caminaron por la acera mientras hablaban de cualquier cosa.
Para ellos, era una tarde completamente normal.
Hasta que pasaron frente a un pequeño grupo de estudiantes.
Uno de ellos hablaba en voz baja.
—Te estoy diciendo que pasó de verdad.
—Eso es mentira.
—Mi hermano estudia en esa escuela.
—¿Y?
—Y conoce a la chica que desapareció.
Leo disminuyó el paso.
Alice también lo escuchó.
—¿Desapareció quién? —preguntó Alice.
Los estudiantes dejaron de hablar.
Uno de ellos miró a Alice.
—Nada.
—Claramente estaban hablando de algo —dijo Leo.
—Es solo un rumor.
—¿Qué rumor?
El muchacho miró hacia sus amigos.
—Sobre una chica que desapareció anoche.
Alice frunció el ceño.
—¿Dónde?
—Cerca del bosque.
Leo levantó una ceja.
—¿Qué bosque?
—El de la carretera vieja.
Alice miró a Leo.
—¿No queda bastante lejos?
—Sí.
El estudiante guardó su teléfono.
—Dicen que salió de su casa alrededor de las diez de la noche y nunca regresó.
—¿La policía la está buscando? —preguntó Alice.
—Sí.
—Entonces no necesariamente significa que haya ocurrido algo extraño —dijo Leo.
—Eso pensé yo.
El muchacho bajó la voz.
—Hasta que comenzaron a circular las fotos.
—¿Qué fotos? —preguntó Alice.
El estudiante abrió una publicación en su teléfono y se la mostró.
Era una fotografía oscura.
Parecía haber sido tomada desde un automóvil.
Al fondo se distinguía un bosque.
Leo entrecerró los ojos.
—No veo nada.
—Mira a la izquierda.
Leo acercó la cara a la pantalla.
Entre los árboles había una figura.
Muy alta.
Muy delgada.
Pero la imagen estaba demasiado borrosa.
—¿Eso es una persona? —preguntó Alice.
—Eso dicen algunos.
—¿Y otros?
El estudiante tragó saliva.
—Dicen que es el monstruo.
Leo soltó una pequeña risa.
—¿Qué monstruo?
—Valglot.
Alice dejó de sonreír.
—¿Valglot?
—Sí.
—Nunca había escuchado ese nombre.
—Yo tampoco hasta hace unos días.
El estudiante guardó el teléfono.
—Es una leyenda vieja. Mi abuela me hablaba de ella cuando era pequeño.
—¿De él? —preguntó Leo.
—De Valglot.
—¿Y qué se supone que es?
El muchacho miró alrededor antes de responder.
—Un monstruo.
Leo sonrió.
—Eso ya lo habíamos entendido.
—Un monstruo que aparece por las noches.
Alice preguntó:
—¿Y qué hace?
El estudiante tardó unos segundos en contestar.
—Se lleva a las personas.
Nadie dijo nada.
Leo finalmente rompió el silencio.
—Bueno... eso sí es bastante específico.
—Ríete si quieres.
—No me estoy riendo.
—Sí lo estás haciendo.
—Solo un poco.
Alice le dio un pequeño golpe en el brazo.
—Déjalo.
El estudiante miró nuevamente la fotografía.
—Hay gente diciendo que las desapariciones recientes están relacionadas con la leyenda.
—¿Cuántas personas han desaparecido? —preguntó Alice.
—No sé.
—¿Dos?
—Más.
Leo dejó de sonreír.
—¿Cuántas?
—No hay una cifra oficial todavía.
—Entonces ¿cómo sabes que son más?
—Internet.
Leo suspiró.
—Ah, claro. La fuente más confiable del mundo.
El estudiante guardó el teléfono.
—Piensen lo que quieran. Pero yo no pienso acercarme al bosque después de que oscurezca.
—Eso sí es sensato —dijo Alice.
El estudiante se marchó con sus amigos.
Leo y Alice continuaron caminando.
Durante unos segundos ninguno habló.
Finalmente, Leo dijo:
—Valglot.
—¿Qué?
—El nombre.
—¿Qué pasa con él?
—Suena inventado.
Alice sonrió.
—Eso dijiste cuando escuchaste la historia.
—Porque probablemente lo sea.
—Probablemente.
Siguieron caminando.
Pero Alice parecía pensativa.
—¿Qué pasa? —preguntó Leo.
—Nada.
—Te conozco. Cuando dices "nada", significa que estás pensando demasiado.
Alice suspiró.
—Solo me parece extraño.
—¿El qué?
—Que varias personas estén desapareciendo.
Leo se encogió de hombros.
—Eso sí es extraño.
—Y que todos hablen del mismo monstruo.
—Los rumores se propagan rápido.
—Sí, pero...
Alice miró hacia la carretera.
—¿Nunca te has preguntado por qué algunas leyendas sobreviven durante cientos de años?
Leo sonrió.
—Porque las historias son interesantes.
—¿Solo por eso?
—¿Qué otra explicación hay?
Alice no respondió.
Llegaron finalmente a un pequeño restaurante.
—Bueno —dijo Leo—. Basta de monstruos.
—Estoy de acuerdo.
—Hoy quiero comer tranquilo.
—Eso sí puedo apoyarlo.
Entraron al restaurante.
Durante la siguiente hora hablaron, rieron y olvidaron completamente el tema.
O al menos eso creían.
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Esa misma noche, a varios kilómetros de la ciudad...
Un hombre caminaba solo por una carretera rodeada de árboles.
Eran las 11:43 p. m.
Miró su teléfono.
Sin señal.
—Perfecto...
Continuó caminando.
Entonces escuchó un sonido.
CRACK.
Se detuvo.
Miró hacia los árboles.
—¿Hay alguien ahí?
Silencio.
Sacó la linterna de su teléfono.
Iluminó el bosque.
Nada.
—Debe haber sido un animal.
Dio otro paso.
CRACK.
Esta vez sonó mucho más cerca.
El hombre levantó lentamente la luz.
Entre los árboles apareció una silueta.
Alta.
Demasiado alta.
El hombre dejó de respirar.
—¿Qué...?
La figura no se movió.
Entonces dos pequeños puntos comenzaron a brillar en la oscuridad.
"🔴 🔴"
El teléfono del hombre cayó al suelo.
La pantalla continuó grabando.
Y durante unos segundos, la cámara captó una figura gigantesca avanzando lentamente desde el bosque.
Después...
la grabación terminó.
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A la mañana siguiente, Leo recibió un mensaje de Alice.
ALICE:
¿Viste las noticias?
Leo respondió:
LEO:
No. ¿Qué pasó?
Pasaron unos segundos.
Entonces llegó una fotografía.
Leo la abrió.
Su expresión cambió.
Era la misma carretera.
Y en el centro de la imagen había una cinta policial.
Debajo, Alice había escrito:
"Otro desaparecido."
Leo se quedó mirando la pantalla.
Después escribió:
LEO:
¿Crees que tiene algo que ver con Valglot?
Alice tardó en responder.
Finalmente apareció un mensaje:
ALICE:
No lo sé.
Y después otro:
ALICE:
Pero anoche alguien volvió a mencionar ese nombre en mi escuela.
Leo miró fijamente la pantalla.
Por primera vez, la leyenda de "Valglot" ya no parecía simplemente una historia antigua.
Parecía algo que estaba regresando.
Y nadie sabía por qué.