Capítulo 14 – Primeros ecos
La sala de entrenamiento privada estaba completamente aislada. Paredes negras que absorbían la energía, sensores flotantes y un silencio casi absoluto. Aetherion estaba de pie en el centro, con las manos a la espalda. Alpha frente a él, todavía sintiendo esa vibración constante en el pecho.
—Hoy no vamos a forzar nada —dijo Aetherion con calma—. Solo quiero que escuches lo que ya está dentro de ti. Cierra los ojos.
Alpha obedeció.
—Respira. No intentes controlar. Solo… siente.
Durante varios segundos no ocurrió nada. Luego la vibración cambió. Se volvió más densa, como si algo antiguo se estuviera moviendo bajo su piel. Alpha frunció el ceño.
—Es… más fuerte que ayer.
—Porque ahora sabes que existe —respondió Aetherion—. Las Esferas Dark, el Umbral, el Ultra Desplazamiento y el Ojo… todo está ahí. Dormido, pero vivo. Cuando empieces a usarlas de verdad, lo harás sin el Elixis. Y por eso debemos ser cuidadosos.
Alpha abrió los ojos.
—¿Y si se descontrola?
Aetherion lo miró con seriedad.
—Por eso estoy aquí. Si sientes que algo se desborda, me avisas de inmediato. No quiero que la primera vez que uses el Umbral de la Muerte Blanca sea por accidente en medio de una ciudad.
Alpha asintió en silencio. La vibración seguía ahí, más presente que nunca.
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**Mientras tanto, en otra parte del complejo….**
Valeria Soto caminaba por un pasillo junto a Isabella. Llevaba las manos entrelazadas frente a ella y miraba el suelo con una expresión distraída.
Isabella la observó de reojo y soltó una risa baja.
—Estás perdida, Valeria. Desde que lo viste no has vuelto a ser la misma.
Valeria se sonrojó de inmediato.
—No es… no es para tanto.
—Claro que lo es —respondió Isabella, deteniéndose—. Te quedaste sin palabras. Y yo, que te conozco, nunca te había visto así. Ese Alpha te impactó.
Valeria bajó aún más la mirada, pero no pudo evitar sonreír apenas.
—Hay algo en él… no sé explicarlo. No es solo que el Despertador lo proteja. Es la forma en que mira. Como si llevara un peso que no le corresponde. Me… me gustaría saber más de él.
Isabella cruzó los brazos, su expresión volviendo a ser desafiante.
—Yo también quiero saber más. Pero por razones distintas. Ese chico esconde algo. Y cuando el Despertador decide ocultar a alguien… suele ser porque ese alguien es peligroso. O valioso. O ambas cosas. La próxima vez que lo vea, no pensaré en ser amable.
Valeria la miró con suavidad.
—No le hagas daño, Isabella.
—No le haré daño —respondió ella con una media sonrisa—. Solo quiero probarlo. Ver hasta dónde llega realmente.
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**Sala de monitoreo del Consejo de la Llave**
Varios científicos y dos comandantes observaban las nuevas pantallas que Aetherion había activado esa misma mañana. El sistema de escaneo global estaba en línea: satélites, sensores terrestres y una red de detección de anomalías energéticas.
De pronto, uno de los técnicos se tensó.
—Señor… tenemos algo.
Un comandante se acercó de inmediato.
—¿Qué es?
—Una señal débil. Muy débil. Origen: cordillera del norte, zona de difícil acceso. Frecuencia que coincide con los registros residuales de energía Kren’tor de hace diez años.
La científica principal amplió la imagen.
—Está cifrada. Pero es una señal. Alguien está intentando comunicarse… hacia fuera.
El comandante apretó la mandíbula.
—Localicen el punto exacto. Y avisen al Despertador. Si los sobrevivientes están llamando a casa… no podemos darnos el lujo de ignorarlo.
En la pantalla, la señal parpadeaba una y otra vez, como un latido lejano.
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En la sala de entrenamiento, Alpha sintió de pronto un escalofrío que no venía de la vibración interna.
Aetherion levantó ligeramente la mirada, como si también lo hubiera percibido.
—Parece —dijo con voz baja— que el pasado acaba de volver a moverse.
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