CAPÍTULO 9 — LA VOZ DE LA CABAÑA
La puerta continuaba abriéndose lentamente.
**Creeeeek...**
Leo no se movió.
Alice tampoco.
Daniel sostenía la linterna con ambas manos, aunque sabía que apenas servía de algo.
El detective apuntaba su arma hacia la oscuridad.
—¿Quién está ahí? —preguntó.
No hubo respuesta.
Solo oscuridad.
Leo miró al detective.
—La voz dijo mi nombre.
—Lo escuché —respondió él.
—¿Cómo sabe quién soy?
El detective apretó la mandíbula.
—No lo sé.
Entonces la voz volvió a escucharse.
—Leo...
Esta vez sonó más cerca.
Alice retrocedió.
—Está dentro.
Daniel negó rápidamente.
—No puede ser.
—¿Por qué? —preguntó Alice.
Daniel señaló el interior.
—Porque esa cabaña llevaba abandonada años.
Leo miró al detective.
—¿Usted sabía que existía?
El detective tardó demasiado en responder.
—Sí.
Leo entrecerró los ojos.
—Entonces nos mintió.
—No es tan sencillo.
—¿Qué hay ahí dentro?
El detective bajó ligeramente el arma.
—No lo sé.
—¡Usted dijo que sabía que encontraríamos esto!
—Porque ya había venido aquí antes.
Silencio.
Alice lo miró sorprendida.
—¿Cuándo?
El detective no respondió.
Daniel se acercó.
—¿Estuvo aquí cuando desapareció mi hermano?
El detective bajó la mirada.
Daniel comprendió.
—Usted estuvo aquí.
—Sí.
—¡¿Y nunca me lo dijo?!
—Porque no encontré a tu hermano.
—¡Pero encontraste esta cabaña!
El detective apretó los dientes.
—Encontramos algo peor.
Leo preguntó:
—¿Qué?
El detective miró hacia el interior.
—Un diario.
Leo sintió un escalofrío.
—El diario perdido...
—Sí.
Alice se acercó.
—¿Dónde está?
El detective señaló la oscuridad.
—Dentro.
Nadie habló.
Finalmente, Leo dio un paso hacia la entrada.
—Voy a entrar.
Alice lo agarró.
—Leo, no.
—Necesitamos ese diario.
—¡También necesitamos seguir vivos!
El detective levantó una mano.
—Los dos tienen razón.
Luego encendió una linterna más potente.
—Entraremos juntos.
Daniel respiró profundamente.
—¿Y si Valglot está aquí?
El detective respondió:
—Entonces esperamos no hacer suficiente ruido para que nos encuentre.
Entraron.
La cabaña estaba cubierta de polvo.
Había una mesa vieja.
Una silla rota.
Una chimenea.
Y varias fotografías pegadas a la pared.
Leo iluminó una de ellas.
Su rostro cambió.
—No...
Alice se acercó.
—¿Qué?
Leo señaló la fotografía.
Era una imagen antigua del bosque.
Pero en ella aparecía una figura enorme entre los árboles.
Dos ojos rojos.
—Es Valglot —susurró Alice.
El detective negó.
—No sabemos si es él.
Leo observó otra fotografía.
Luego otra.
Y otra.
Todas mostraban el mismo bosque.
En diferentes años.
**1921.**
**1957.**
**1984.**
**2003.**
**2021.**
Daniel quedó paralizado.
—¿Cómo es posible?
Leo se acercó a la pared.
—Siempre aparece.
El detective respondió:
—Ese es el problema.
Alice encontró una fotografía diferente.
Mostraba a un grupo de personas frente a la misma cabaña.
—¿Quiénes son?
El detective tomó la fotografía.
Su expresión cambió.
—No puede ser...
Leo lo miró.
—¿Qué?
El detective dio vuelta la fotografía.
En la parte posterior había una fecha.
**2003.**
Y debajo:
**“PRIMER CONTACTO CONFIRMADO.”**
Daniel preguntó:
—¿Contacto con qué?
El detective guardó silencio.
Entonces Leo escuchó algo.
**Papel.**
Se giró.
Había una mesa al fondo.
Sobre ella estaba un libro viejo.
Cubierto de polvo.
En la portada solo había una palabra:
"VALGIOT"
Leo se acercó.
—El diario.
Alice lo siguió.
—Espera.
Leo extendió la mano.
Pero antes de tocarlo...
el detective gritó:
—¡NO!
Leo se detuvo.
—¿Por qué?
El detective señaló la portada.
Había tres pequeñas marcas.
Como arañazos.
—Porque la última persona que lo abrió desapareció.
Daniel preguntó:
—¿Quién?
El detective respondió:
—Mi compañero.
Silencio.
Leo miró el diario.
—¿Hace cuánto?
—Hace tres años.
Daniel palideció.
—La misma época en que mi hermano desapareció.
El detective asintió.
—Exactamente.
Leo lentamente abrió la portada.
El papel crujió.
La primera página estaba escrita a mano.
> **“Si encontraste este diario, significa que Valglot ha regresado.”**
Alice tragó saliva.
—Sigue leyendo.
Leo pasó la página.
> **“No es una criatura que aparece al azar.”**
Otra página.
> **“Alguien lo está despertando.”**
Daniel dio un paso atrás.
—¿Qué?
Leo siguió leyendo.
> **“Durante años pensamos que Valglot era el responsable de las desapariciones.”**
Pasó la página.
> **“Nos equivocamos.”**
El detective se acercó.
—Sigue.
Leo pasó otra página.
Y encontró una frase escrita con tinta roja.
> **“VALGIOT NO CAZA A LOS HUMANOS.”**
Debajo había otra línea.
> “VALGIOT CAZA A ALGO QUE VIVE ENTRE ELLOS.”
Alice se quedó inmóvil.
—¿Algo?
Leo continuó.
Pero antes de poder leer la siguiente página...
**BOOOOOOM.**
La cabaña tembló.
Todos se giraron.
El detective apagó inmediatamente las linternas.
—Silencio.
Afuera...
**Paso.**
**Paso.**
**Paso.**
Algo caminaba alrededor de la cabaña.
Daniel respiró entrecortadamente.
—Es él...
Los pasos se detuvieron.
Frente a la puerta.
Leo miró al detective.
El detective levantó un dedo.
**No hagan ruido.**
Entonces...
tres golpes.
**Toc.**
**Toc.**
**Toc.**
Alice cerró los ojos.
Leo recordó la advertencia.
Pero esta vez...
los golpes no venían de la puerta.
Venían de **debajo del suelo**.
**Toc.**
**Toc.**
**Toc.**
Daniel susurró:
—Hay algo debajo de nosotros.
El detective miró hacia el suelo.
Y entonces...
la voz del asesino se escuchó desde debajo de la cabaña:
—¿Encontraron el diario?
Leo se quedó helado.
El detective levantó el arma.
—¡Sal de ahí!
La voz respondió:
—No puedo.
Una pausa.
—Porque ustedes están encima de mí.
El suelo crujió.
Una tabla comenzó a levantarse lentamente.
Leo retrocedió.
Alice gritó:
—¡CORRAN!
Pero ya era demasiado tarde.
La tabla se levantó.
Y una mano humana apareció desde la oscuridad.
Continuará...