Poesia inspirada en " fourth of july "
Aquella noche
el cielo parecía celebrar algo
que yo no podía comprender.
Había luces en la distancia,
pero ninguna iluminaba tu ausencia;
había explosiones sobre las casas,
pero ninguna consiguió despertar
lo que la muerte había dormido en mí.
Julio siempre fue un mes,
hasta que te fuiste.
Entonces se convirtió en una pregunta,
en una fecha incapaz de avanzar,
en ese extraño territorio
donde los calendarios continúan existiendo
aunque algunas personas ya no.
Me pregunto si la muerte
es realmente una puerta
o simplemente el nombre que le damos
a una habitación cuya llave perdimos.
Te fuiste
y descubrí que el silencio también tiene memoria.
Guarda voces,
manos,
miradas,
pequeñas conversaciones
que alguna vez parecieron insignificantes
y que ahora pesan como eternidades.
Qué extraño es amar a alguien muerto:
seguir pronunciando su nombre
como si las palabras pudieran construirle un cuerpo,
como si recordar fuera una forma clandestina
de resurrección.
Quizá por eso miro el cielo.
No porque crea que estás allí,
sino porque necesito algún lugar
donde colocar todo aquello
que ya no puedo entregarte.
Las estrellas no responden.
Nunca lo hicieron.
Y aun así les hablo.
Porque hay dolores
que no buscan una solución;
solamente buscan un testigo.
Y yo fui testigo de tu ausencia,
de cómo una persona puede desaparecer
sin que el mundo tenga la decencia
de detenerse un segundo.
Las calles siguieron respirando.
Los relojes siguieron mintiendo
con su absurda promesa de futuro.
La gente siguió celebrando.
Y yo aprendí
que algunas fiestas contienen funerales,
que algunos fuegos artificiales
parecen almas intentando escapar del cielo,
y que hay despedidas
que nunca terminan de suceder.
Si algún día dejo de recordarte,
no será porque te haya olvidado.
Será porque finalmente entendí
que amar también significa
aceptar que algunas presencias
solo pueden existir
en la arquitectura frágil de la memoria.
Y quizá ese sea el verdadero duelo:
no aprender a vivir sin alguien,
sino aprender a vivir
con el espacio que dejó
cuando se marchó.
Porque aquel julio
no murió solamente una persona.
Murió también
la versión de mí
que todavía creía
que algunas cosas podían quedarse para siempre.