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EL AMOR DE MARILYN

mariangel
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CapĂ­tulo 1: Una semana

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Contenido de la publicaciĂłn

Una historia sobre amar a alguien en silencio… hasta que el silencio se vuelve demasiado tarde. 💕

CapĂ­tulo 1: Una semana

—Dicen que uno siempre recuerda el momento exacto en el que su vida cambia.

Yo antes no creĂ­a en eso.

Pensaba que las cosas importantes ocurrían poco a poco. Que nadie se despertaba una mañana siendo completamente feliz o completamente triste. Creía que el amor llegaba lentamente, como una canción que empiezas escuchando sin prestar atención y que, cuando menos te lo esperas, ya sabes de memoria.

Pero estaba equivocada.

Porque mi vida cambiĂł un jueves.

Y lo peor de todo es que, una semana antes, yo estaba convencida de que iba a ser feliz.

Mi nombre es Marilyn, tengo dieciséis años y, hasta ese momento, mi mayor secreto era que estaba enamorada de mi mejor amigo.

Thomas.

Thomas tenía diecisiete años y llevaba siendo mi mejor amigo desde hacía tanto tiempo que ya no podía recordar cómo era mi vida antes de conocerlo.

Sabía cuál era su comida favorita.

SabĂ­a que odiaba levantarse temprano.

SabĂ­a que cuando estaba nervioso movĂ­a una pierna sin darse cuenta.

Sabía cuándo estaba triste, incluso cuando decía que estaba bien.

Y también sabía que, cuando sonreía de verdad, aparecía una pequeña marca en su mejilla izquierda.

Lo que Thomas no sabía…

Era que yo estaba enamorada de él.

Muy enamorada.

No era un pequeño enamoramiento de esos que aparecen y desaparecen en unos meses. No. Yo llevaba años intentando convencerme de que lo que sentía por él era simplemente cariño.

Pero no lo era.

Porque una amiga no se quedaba despierta pensando en la sonrisa de su mejor amigo.

Una amiga no imaginaba cĂłmo serĂ­a tomarle la mano.

Una amiga no sentía que el corazón le golpeaba el pecho cada vez que él decía su nombre.

Y yo sentĂ­a todo eso.

La Ăşnica persona que conocĂ­a mi secreto era MĂłnica, mi mejor amiga.

Mónica tenía dieciséis años, igual que yo, y era probablemente la persona más incapaz del mundo de guardar una opinión para sí misma.

—Tienes que decírselo —me repetía constantemente.

—No puedo.

—¿Por qué?

—Porque es Thomas.

—Exactamente. ¡Es Thomas! Tu mejor amigo. La persona que más te conoce.

—Precisamente por eso tengo miedo.

MĂłnica siempre ponĂ­a los ojos en blanco cuando le decĂ­a eso.

Ella no entendĂ­a.

O quizá sí entendía demasiado bien.

Porque decirle a alguien que lo amas es fácil cuando no tienes nada que perder.

Pero Thomas era mi mejor amigo.

Y yo tenĂ­a miedo de perderlo todo.

Faltaba exactamente una semana para mi cumpleaños.

El 17 de agosto.

Diecisiete años.

Yo habĂ­a pensado en ese dĂ­a durante meses.

No porque fuera a hacer una gran fiesta. De hecho, no me gustaban demasiado las fiestas. Pero tenĂ­a un plan.

Un plan que solo MĂłnica conocĂ­a.

Ese dĂ­a iba a decĂ­rselo.

Iba a mirar a Thomas a los ojos y decirle la verdad.

Sin cartas.

Sin mensajes.

Sin esconderme detrás de una pantalla.

Solo yo y él.

Y si me decía que no sentía lo mismo…

Bueno.

Al menos dejaría de preguntarme qué habría pasado si hubiera tenido el valor suficiente.

—Entonces está decidido —dijo Mónica una tarde mientras caminábamos juntas por el pasillo del colegio—. El diecisiete de agosto se lo dices.

—Sí.

—¿Segura?

—No.

—Marilyn…

—Pero lo haré.

MĂłnica sonriĂł y me tomĂł de los hombros.

—¡Por fin!

—No hagas que parezca que voy a una guerra.

—Vas a una guerra.

—Gracias por tranquilizarme.

—Siempre estoy para ayudarte.

Las dos comenzamos a reĂ­r.

En ese momento, todo parecĂ­a sencillo.

Yo todavĂ­a no sabĂ­a que, a veces, haces planes para el futuro sin saber que el futuro ya tiene otros planes para ti.

Y ese jueves…

Todo cambiĂł.

La Ăşltima clase habĂ­a terminado.

El colegio estaba casi vacío y yo esperaba junto a la entrada mientras miraba mi teléfono.

Thomas siempre salía unos minutos después que yo porque tenía una clase diferente.

Estaba acostumbrada a esperarlo.

Era una de nuestras pequeñas costumbres.

Íbamos juntos a casa, hablábamos de cualquier cosa y, algunas veces, nos deteníamos en una pequeña tienda para comprar algo de comer.

Era simple.

Pero para mĂ­ significaba todo.

—¿Esperando a tu futuro esposo? —preguntó Mónica, apareciendo a mi lado.

—Cállate.

—Solo digo.

—No es mi futuro esposo.

—Todavía.

—Mónica.

Ella sonriĂł.

—Está bien, está bien.

En ese momento escuché una voz detrás de mí.

—¿Hablan de mí?

Mi corazĂłn hizo lo que siempre hacĂ­a cuando escuchaba esa voz.

OlvidĂł cĂłmo comportarse.

Me giré.

—Hola.

Thomas estaba frente a mĂ­, con su mochila colgada de un solo hombro y esa sonrisa que, lamentablemente para mĂ­, seguĂ­a teniendo el poder de hacerme olvidar cualquier pensamiento inteligente.

—Hola —respondió él.

—Llegas tarde —dije.

—Solo fueron cinco minutos.

—Cinco minutos son cinco minutos.

—Qué estricta eres.

MĂłnica me mirĂł con una expresiĂłn que claramente significaba: DĂ­selo ya.

La ignoré.

—¿Nos vamos? —preguntó Thomas.

Yo asentĂ­.

Pero antes de que pudiera dar un paso, él miró hacia atrás.

—Espera.

Fruncí el ceño.

—¿Qué pasa?

Thomas sonrió de una manera extraña.

Como si estuviera nervioso.

Y eso me llamĂł la atenciĂłn.

—Hay alguien a quien quiero presentarles.

Por alguna razĂłn que todavĂ­a no puedo explicar, sentĂ­ una incomodidad en el pecho.

Una sensación pequeña.

Casi insignificante.

Como si mi corazĂłn hubiera intentado advertirme algo.

Thomas hizo una señal con la mano.

Y entonces ella apareciĂł.

Primero vi su cabello.

Luego su sonrisa.

Después sus ojos.

Era hermosa.

No solo bonita.

Hermosa.

De esas personas que parecen entrar a un lugar y hacer que todos giren la cabeza.

Llevaba una chaqueta clara y una sonrisa tĂ­mida.

Thomas se acercĂł a ella.

Y entonces ocurriĂł algo que todavĂ­a recuerdo con demasiada claridad.

Él tomó su mano.

Mi corazĂłn dejĂł de latir por un segundo.

—Chicas —dijo Thomas—, ella es Samantha.

La chica sonriĂł.

—Hola.

—Hola —respondió Mónica.

Yo tardé unos segundos.

—Ho… hola.

Thomas me mirĂł.

—Marilyn, Mónica… Samantha.

Samantha me observó y después miró a Thomas.

—Me has hablado mucho de ellas.

Yo sonreĂ­.

O al menos creo que lo hice.

No sé.

En ese momento sentĂ­a como si estuviera viendo una escena desde muy lejos.

Como si yo no estuviera realmente allĂ­.

Thomas parecĂ­a feliz.

Demasiado feliz.

Y entonces entendĂ­ algo.

Algo que no querĂ­a entender.

Miré sus manos.

SeguĂ­an unidas.

Intenté tragar saliva.

Mi voz salió más débil de lo que esperaba.

—¿Cuánto… cuánto llevan?

Thomas me mirĂł.

Por primera vez, su sonrisa desapareciĂł un poco.

Samantha también pareció ponerse nerviosa.

Y yo ya sabĂ­a que no querĂ­a escuchar la respuesta.

Pero necesitaba hacerlo.

Necesitaba saber cuánto tiempo había estado viviendo sin conocer una parte tan importante de la vida de mi mejor amigo.

Thomas respirĂł profundamente.

—Un año.

Un año.

SentĂ­ que el mundo se detenĂ­a.

Un año.

Trescientos sesenta y cinco dĂ­as.

Un año entero.

Mientras yo me preguntaba si él podría llegar a quererme.

Mientras yo planeaba confesarle mis sentimientos.

Mientras yo pensaba que quizá…

Quizá tenía una oportunidad.

Él ya estaba enamorado de alguien más.

Un año.

—¿Un año? —repetí.

Thomas bajĂł la mirada.

—Sí.

Mi voz comenzĂł a quebrarse.

Intenté evitarlo.

De verdad lo intenté.

Pero no pude.

—¿Y por qué no me habías dicho nada?

El silencio apareciĂł entre nosotros.

Samantha soltĂł lentamente la mano de Thomas.

MĂłnica me mirĂł.

Ella sabĂ­a.

SabĂ­a exactamente lo que estaba sintiendo.

Thomas dio un paso hacia mĂ­.

—Marilyn…

—¿Por qué no me dijiste?

—Porque no sabía cómo decírtelo.

—¿Cómo que no sabías cómo decírmelo?

—Yo…

Thomas se quedĂł en silencio.

Por primera vez en todos los años que llevábamos siendo amigos, parecía no saber qué decirme.

Y eso me dolió más de lo que debería.

Porque yo lo conocĂ­a.

O al menos eso creĂ­a.

—Soy tu mejor amiga —susurré—. ¿Cómo no pudiste decirme algo así durante un año?

Thomas cerrĂł los ojos durante un segundo.

—No quería que las cosas cambiaran.

Una pequeña risa escapó de mis labios.

Pero no tenĂ­a nada de graciosa.

—Pues felicidades.

Él levantó la mirada.

—Marilyn…

Sentí que las lágrimas comenzaban a acumularse en mis ojos.

—Ya cambiaron.

Y sin esperar una respuesta, me di la vuelta.

Comencé a caminar.

Escuché a Thomas decir mi nombre.

Una vez.

Dos veces.

Pero no me detuve.

Porque si me detenía…

Iba a llorar delante de él.

Y no podĂ­a.

No podĂ­a dejar que supiera.

No podía decirle que llevaba tanto tiempo enamorada de él.

No podía decirle que, en exactamente una semana, el día de mi cumpleaños, pensaba confesarle todo.

No podĂ­a decirle que acababa de destruir todos mis planes con una sola frase.

“Llevamos un año.”

SeguĂ­ caminando.

Y cuando doblé la esquina, finalmente escuché unos pasos detrás de mí.

—¡Marilyn!

Era MĂłnica.

Me detuve.

Ella llegĂł hasta mĂ­ y, al verme la cara, no preguntĂł nada.

Simplemente me abrazĂł.

Y entonces lloré.

Lloré por todo lo que nunca había dicho.

Por todos los momentos que habĂ­a imaginado.

Por la confesiĂłn que nunca iba a ocurrir.

Por el cumpleaños que ya no esperaba con ilusión.

Y, sobre todo…

Lloré porque había entendido una de las cosas más dolorosas que una persona puede descubrir.

Puedes amar a alguien con todo tu corazón…

y aun asĂ­, ese alguien puede no ser tuyo.

—Tienes derecho a estar enfadada —dijo Mónica cuando finalmente me calmé.

Estábamos sentadas en un pequeño parque, lejos del colegio.

—No estoy enfadada.

MĂłnica me mirĂł.

—Marilyn.

—Estoy bien.

—Marilyn.

—Está bien, estoy un poco enfadada.

—Un poco.

—Mucho.

MĂłnica suspirĂł.

—Lo siento.

Yo miré al suelo.

—Un año, Mónica.

—Lo sé.

—Un año entero.

—Lo sé.

—¿Cómo pudo esconderme algo así?

Ella permaneciĂł en silencio.

—Tal vez tenía miedo.

—¿De qué?

MĂłnica dudĂł.

—No sé.

Yo sĂ­ sabĂ­a una cosa.

No importaba cuál hubiera sido su razón.

Me habĂ­a dejado fuera de una parte de su vida.

Y eso dolĂ­a.

Pero había otro dolor mucho más grande.

Un dolor que MĂłnica conocĂ­a.

Yo estaba enamorada de él.

Y ahora tenĂ­a que aprender a verlo enamorado de otra persona.

—¿Qué vas a hacer el día de tu cumpleaños? —preguntó Mónica.

La pregunta me tomĂł por sorpresa.

—No sé.

—¿Vas a seguir con el plan?

La miré.

Por un momento pensé en reírme.

—¿Decirle que estoy enamorada de él mientras tiene novia?

MĂłnica bajĂł la mirada.

—Solo preguntaba.

—No.

Mi respuesta fue inmediata.

—No voy a decirle nada.

—Pero, Marilyn…

—No, Mónica.

SentĂ­ un nudo en la garganta.

—Ese día iba a decirle que lo amaba.

Mi voz se quebrĂł.

—Pero ahora… ahora voy a tener que fingir que nunca sentí nada.

MĂłnica tomĂł mi mano.

—No tienes que fingir conmigo.

La miré.

Y sonreí débilmente.

—Gracias.

Ella apretĂł mi mano.

—Siempre.

Y durante unos segundos permanecimos en silencio.

Yo miré el cielo.

Faltaban siete días para mi cumpleaños.

Siete días para cumplir diecisiete años.

Siete dĂ­as para decirle a Thomas algo que ya nunca dirĂ­a.

En ese momento todavĂ­a no lo sabĂ­a.

No sabĂ­a que Samantha no serĂ­a la Ăşnica razĂłn por la que mi historia con Thomas nunca llegarĂ­a a existir.

No sabĂ­a que los siguientes dĂ­as cambiarĂ­an nuestra amistad.

No sabĂ­a que habrĂ­a secretos.

Palabras que nunca debieron decirse.

Mensajes que jamás debieron enviarse.

Despedidas que nadie esperaba.

Y un amor…

Un amor que estuvo tan cerca de existir.

Pero que nunca se dio.

Porque esta no es una historia sobre cĂłmo Marilyn consiguiĂł al chico que amaba.

Esta es la historia de cĂłmo, a veces, amar a alguien no es suficiente.

Y esta…

es El amor de Marilyn.

Thoughts

  • Ovid

    Gracias por compartir el primer capitulo! Sigo dandole vueltas a la salida del colegio, cuando Thomas se frena a presentarles a alguien y a ella le da la punzada en el pecho antes de ver a nadie. Apuesto a que Monica ya sabia lo de Samantha y se lo callo para no romperle el plan. Vas a publicar la segunda parte de lo de la semana del cumpleaños?

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  • MarianelaVidal

    Lo leí anoche cuando terminé de coser y hoy lo volví a leer, y la segunda vez me trabé en Thomas diciendo que no quería que las cosas cambiaran. Un año con la novia de la mano por ahí, y el miedo era ese. Me hizo acordar a una hermana mía que dejó de contestar cartas y apareció doce años después con la misma excusa. Ta, a Marilyn le dolió más el año que la chica, y se me hace que Thomas se olía lo que ella sentía.

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  • mariangel

    Aqui voy a adelantarles un capitulo es de 100 y ya voy en el 95

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