Capítulo 6 — ¿Dónde están?
Los días empiezan a mezclarse.
Sin ventanas.
Sin reloj.
Sin luz natural.
Solo existen los sonidos.
Trenes pasando a la distancia.
Palas cavando.
Perros ladrando.
Pasos.
Puertas metálicas.
Gritos lejanos.
El interrogador suspira.
Ya no son horas, son días que pasan.
Siempre las mismas preguntas y Graciela hagan lo que le hagan,
Contesta lo mismo.
“no conozco a nadie”.
Una verdad a medias para ella,
Y una mentirá para ellos.
El interrogador se cansa,
La agarra del pelo tirando hacia atrás,
Forzando a Graciela a levantar la mirada,
Y mirar directo a la luz que provenía de aquella lámpara.
—Entonces explícame, cómo mierda supiste esos nombres, si se supone que no los conoces y no estás en ninguna organización estúpida de mierda.
La voz del hombre denotaba aquel cansancio y furia por no conseguir lo que buscaba.
Graciela se mantiene en silencio,
Sus manos ya no se aferran a la silla ahora solo se cierran en puños.
entiende algo en ese momento.
Ellos creen que ella es parte de algo.
No pueden estar más equivocados.
—las cosas son simples, si no colaboras esto va a seguir
Una sonrisa macabra se escapa de los labios del interrogador
—Y si pensas que vas a morir, ni lo sueñes, el médico no lo va a permitir.
A su alrededor escucha como se arma una cama metálica,
A la cual minutos después será atada.
Y donde con ayuda de un “medido”,
Su tortura seguiría.
Un día logra escuchar un fragmento de una conversación antes de desvanecerse por los abusos sufridos.
—están sospechando de los traslados y están rompiendo las pelotas con las embarazadas las viejas esas.
La palabra se queda flotando en el aire.
¿Eran las abuelas quienes sospechaban? ¿Que eran los traslados? ¿Por qué las embarazadas eran tanto problema?
Una vez donde siempre y ya consciente.
Escucha cuando los guardias se van,
Y cuando alguien susurra:
—¿Escucharon?
—Sí.
Graciela pregunta:
—¿Quiénes sospechan? ¿Porque los traslados?
Nadie responde al principio.
Finalmente, una mujer habla.
— Es porque ya no tiene lugar acá, somos muchos y el terreno ya no alcanza.
Otra persona se ríe por lo bajo
—Nos trasladan porqué nos quieren muerto, aca no hay mas lugar para los fusilados.
El silencio crece.
—¿Que hacen con las embarazadas?
La pregunta de Graciela provoca un murmullo general de dolor
—Lo mismo que con los otros.
Responde una voz masculina
—Solo que no se sabe dónde dejan a los pibes.
El silencio se espesa, nadie quiere decir más nada.
Esa noche Graciela sueña.
Pero no es el galpón.
Es agua.
Oscura.
Extensa
Profunda
Silenciosa.
Personas flotan alrededor.
No luchan.
No gritan.
Sus cuerpos parecen no doler.
Entre ellos ve a Julián.
Está tranquilo.
Como si el agua lo sostuviera.