Llegué al salón a las ocho de la noche donde se celebraba el cumpleaños de mi amiga. Dirigí mi mirada a los alrededores, todo elegante con luces amarillas que daban una iluminación cálida y dorada como los magníficos rayos del sol. Los jarrones con grandes girasoles brindaban una decoración festiva y de felicidad al evento. Me acerqué hacia una mesa y me senté en la silla. Mientras esperaba que lleguen los demás invitados. Miré las otras mesas que estaban vacías y otras ocupadas. Una mesa captó mi atención. En ella se encontraba un hombre atractivo y misterioso sentado un mozo se acercó y le entregó su trago. Mis ojos seguían todos sus movimientos, y me atraía más. Él no notaba mi mirada.
Tres horas más tarde, mi amiga se acerca a mí y la saludo. Ella me dice que a las doce comenzará el baile. Empezamos con el tango. No obstante, me entrega una pulsera con piedras de ámbar para que la use, ya que me guiará a mi pareja de baile, porque tendrá otra parecida a la mía. Le dije que esta situación me asustaba un poco porque nunca bailé con un desconocido, menos un tango. Ella me dijo que me relajara y me dejara llevar por la persona que bailará conmigo esta noche. Se despidió de mí. Me levanté de la silla. Caminé hacia la pista de baile, luciendo un vestido rojo largo con una abertura en la pierna. La prenda es sensual y me da seguridad de llevarlo puesto.
En este mismo instante, olvido mis dudas y miedos en la pista. Espero entusiasmada a la persona elegida. Siento a alguien detrás de mí. Más cerca, roza su mano con la mía y se ubica delante de mí. Era Él. No lo podía creer. El mismo hombre misterioso que no podía apartar mi mirada. Ahora centraba sus ojos en mí de una manera muy intensa. No hubo saludos ni conversaciones. Solo nuestras miradas estaban conectadas a través de una tensión de sensualidad.
En el centro de la pista, me acerco a él, me tomó de la mano y me dirigió hacia su hombro. Su otra mano estaba en mi cintura. La sentía cálida y fuerte en mi ser. Comenzó los acordes del bandoneón en nuestros cuerpos apasionados. Un Instrumento del alma y de la voz del tango. Nos movemos al compás de la melodía y no puedo separarme de este hombre. Solo quiero seguir junto a él y presiento que también quiere estar junto a mí. Siento su rostro más cerca al mío, acercando su boca a la mía, rozando como una suave pluma. No obstante, espero que profundice el beso, para que pueda sentirlo, probar su esencia y...
Abro mis ojos encontrándome en mi cama. Fue un sueño. Solo un efímero sueño.