Una fría neblina llegaba desde la bahía atravesando los bosques. Era muy densa y blanquecina, no podía ver nada en mi camino, solo sentía las piedritas que pisaba. Mis pasos sonaban pesados mientras seguía avanzando.
A lo lejos, escuché un grito de mujer que se perdió entre el sonido del viento que arrastraba las hojas secas hacia el lago. Caminé unos minutos más. Llegué a un lugar iluminado por la luz de la luna llena.
Giré hacia mi lado derecho y vi un cuerpo tirado en el suelo. Era una mujer. Ella movió la cabeza con lentitud, estaba sudando y sonreía. Luego habló: Pensé que nunca llegarías - susurró.
Me acerqué unos pasos y observé su rostro. Tenía la piel pálida y los ojos dilatados de una forma extraña. - ¿Quién te hizo esto? - pregunté. Ella señaló con su mano temblorosa hacia lo profundo del bosque y dijo: - Ellos.
Miré en la dirección señalada. Entre la neblina apenas distinguía unas sombras detrás de los árboles. -¿Quiénes son?- pregunté. -No tengas miedo - respondió - Ya te estaban esperando.
La mujer se incorporó lentamente y comenzó a caminar hacia la oscuridad. Antes de desaparecer entre los bosques. Se volvió hacia mí y le respondí: - Muy bien; entonces, llévame a verlos.