CD que abriga
Nunca supe cómo un CD transformaría mis días en colores. Calentaría como el chocolate en las noches de frío. Me acompañaría como el ladrillo en la estufa, en los momentos llenos de recuerdos. Como los días de verano, dedicados a no olvidarse.
También como esos días sin sol: igual ahí, acompañándote, dándote calor aunque todo esté gris. Como las tortas fritas en plena lluvia. Como el abrazo de tu familia y amigos cuando estás triste. Como una risa cuando estás aburrida. Tiene la forma de un árbol de Navidad, los sonidos de un futuro en familia… y también los recuerdos de quienes ya no están. Y te aliviana cuando ya no das más.
Las dedicatorias firmadas con el corazón.
De tilo y de limón y el rico café, que le dan ritmo a las madrugadas. El mate del chisme cotidiano.
Y por eso el CD no es solo eso: es amor del bueno.