Del eje de mis encías, incisivos flavos; fauces apestantes, faltos de saliva.
Hebras grasas, desordenadas, deslucidas, desaliñadas... asquerosas.
De lo opaco de mis ojos, bajo los párpados, morete, morado oscuro; cilios queriendo ceder.
Pómulo magro, mirada ausente.
Miocardio aprisionado entre los huesos de lo desconocido.
Libro abierto, cuando el corazón cerrado; la felicidad, tristeza.
Acosado por galopantes gritos, horrorizándome sin causa ni razón.
Trascendiendo sin comienzo, sin nudo; desconociendo el desenlace.
— Jorge Guzmán