¿Hace cuánto que no me autoflijía con el son melódico?
Causante de mis propias llagas, apuñaló mis cicatrices,
sin volver a sonreírle al sol.
Trazo lágrimas sinceras, hechas arte; organizo mi agonía como me plazca.
Sé que moriré escribiendo, y sé que no será hoy.
Cabalgó al dolor, y el galopa a mi ritmo: me ama y me aborrece.
Me autodestruyo y busco sentir lo que aún no siento.
Buscando hacer arte con un dolor que no existe.
Melódica tristeza, melancolía viva.
No vivirá para siempre aquel hombre de las ruinas.
¿Hasta dónde lo llevará la poesía?
Que la melodía de fondo diga cuántas veces me dolía.
Quien clame que no esté triste, miente.
Quien no sienta la agonía, es un monstruo jugando a ser feliz.
El infeliz espejo me demuestra quién soy en realidad.
El fracaso me persigue, pero no viene detrás,
sino a la par.
Deja que el miedo devore tu valentía, y confrontate sin esperanza...
sin nadie que te salve.
Temible yo, temiendo de mí mismo y lo grande que puedo ser.
Abre tus alas de par en par, huyendo de tus propias llagas: insanas, inapropiadas, insatisfechas de causarte el infierno...
donde ahora vives.
— Jorge Guzmán