Esto no es un poema común, es un soldado sometiéndote a una pared, enfurecido por haberlo degradado de rango con tus insultos.
Es un cochino cuico soltando arpazos con sus manos a tu campera, deseando atraparte.
Es un corredor detrás de ti, con más condición física que la tuya, que hace sentir su respiración en tu nuca.
Es un arresto repentino, un asalto uniformado, una intercepción ilícita, una revisión sin papeleo, es un arresto injustificado.
Es un paseo en patrulla, por la ciudad nublada, refrescante brisa; son las miradas de cientos de personas observando el momento.
Es la dictadura del juez cívico, la sentencia de setenta y dos horas.
Es una celda solitaria, con docenas de presos alrededor y por fuera de ella.
Son las risas de los locos, prisioneros y adictos.
Son las camas de piedra y las cobijas con pulgas y chinches.
Esto no es un poema, es una denuncia que se hace cuerpo.
Este poema es la injusticia del pueblo, por eso no es un poema común.
— Jorge Guzmán