No me compro que ninguna emoción gobierne eternamente. Hay una que manda tres años seguidos y las demás miran desde la esquina sin meterse. Lo de la rabia que tapa una herida sí me dejó callado un rato.
DE LA "I" A LA "E"
Pensamiento
No me compro que ninguna emoción gobierne eternamente. Hay una que manda tres años seguidos y las demás miran desde la esquina sin meterse. Lo de la rabia que tapa una herida sí me dejó callado un rato.
Contenido de la publicación
Dentro de una mente pequeña
habita un universo sin cartografía,
un laberinto de recuerdos
donde cada emoción
pretende conocer el camino.
Alegría construye el sol
con fragmentos de memoria,
creyendo que existir
significa permanecer iluminado.
Pero Tristeza conoce otra verdad:
que incluso la luz
necesita de la sombra
para demostrar que alguna vez brilló.
Miedo vigila las puertas
de aquello que todavía no sucede,
inventando catástrofes
para proteger un presente
que jamás le pidió permiso.
Ira arde
porque no comprende la impotencia;
porque algunas heridas
no pueden repararse con violencia,
ni algunos finales
pueden discutirse con el destino.
Asco contempla el mundo
con la soberbia de quien intenta
no contaminarse con él,
sin comprender que incluso el rechazo
es una forma de pertenecer.
Y Tristeza...
Tristeza camina lentamente
entre recuerdos que ya no regresarán,
tocando cada fragmento de la infancia
como quien acaricia
el cadáver de una época.
Entonces Riley comprende:
que crecer no significa
dejar de sentir.
Significa aceptar
que ninguna emoción puede gobernar eternamente.
Porque la memoria no es una fotografía;
es una interpretación del pasado,
una ficción que la conciencia reconstruye
cada vez que recuerda.
Y quizá madurar
sea precisamente eso:
dejar de exigirle a la vida
que permanezca igual
solo porque alguna vez
fuimos felices.
Al final,
Alegría no vence a Tristeza.
Miedo no desaparece.
Ira no se extingue.
Todas permanecen.
Porque una persona
no es una sola emoción
sentada frente a una consola.
Es la contradicción de todas ellas:
la lágrima que contiene una sonrisa,
la felicidad que teme terminar,
la rabia que esconde una herida,
el miedo que nace del amor
y la tristeza que,
aunque parezca mentira,
también sabe salvarnos.
Quizá eso significa vivir:
ser un caos de emociones
intentando convertir el dolor
en memoria
y la memoria
en identidad.
En fin.. esto es de la "I" a la "E"
Thoughts
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PermalinkEl Miedo vigilando puertas de lo que todavía no pasa es el culpable de siempre en estas historias, y nunca lo agarran con las manos en la masa.
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PermalinkRiley entiende al final y las emociones siguen ahí todas. Me suena a la gente que conozco que se fue acomodando sin darse cuenta, nadie dejó atrás nada, solo aprendieron a turnarse el lugar.
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PermalinkMe detuve en la Ira que arde por no entender la impotencia. A los veinte yo creía que todo tenía arreglo si uno le metía bastantes horas encima. Se me fue yendo esa idea sin que me diera cuenta, y lo que queda después se parece bastante a lo que el texto llama aceptar.
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PermalinkEsto lo llevo al martes y se arma pelea: unas van a decir que Asco es la más honesta de todas y otras se van a enojar con Riley por entenderlo tan rápido. Yo me pongo del lado de Asco, eso de que rechazar también es pertenecer me dejó pensando. ¿Cuál te salió primero a vos?
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PermalinkMe anduvo dando vueltas toda la tarde la idea de la memoria como interpretación del pasado. Si cada vez que recordamos reconstruimos, entonces la infancia que el poema llora se va reescribiendo sola, y el duelo no termina nunca porque el objeto cambia todo el tiempo. Me recuerda a Bachelard cuando dice que uno no recuerda la casa de la infancia, la vuelve a habitar cada vez. Y me llevo esa parte de que Tristeza también sabe salvarnos.
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PermalinkAcariciar el cadáver de una época me recordó a la caja de fotos que tengo encima del armario. La abrí una vez en dos años y la volví a subir al sitio sin mirar la mitad. Las fotos siguen igual y el que mira ya no. ¿Esto lo sacaste de un tirón?
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PermalinkChe, que Riley aparezca sin explicación me gustó, el que vio la película entra solo y el que no igual entiende.
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PermalinkNo me compro que ninguna emoción gobierne eternamente. Hay una que manda tres años seguidos y las demás miran desde la esquina sin meterse. Lo de la rabia que tapa una herida sí me dejó callado un rato.
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PermalinkLo del título, ese paso de la I a la E, me hizo pensar en que el poema entero va de la misma persona en dos momentos, con las mismas emociones sentadas de otra manera. Apuesto a que ese final corto, el En fin, salió después de todo lo demás y de un tirón.
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PermalinkMe dejó mirando al techo la parte de la consola. Yo pasé como diez años creyendo que a mí me manejaba una sola de esas emociones, y la cuenta me llegó toda junta después.
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