Pasan ángeles y avernos y al final me quedé con el crespín y la chicharra. Eso es exacto, cómo los detalles pequeños son los que se quedan cuando pasa lo grande.
criaturita
Pensamiento
Pasan ángeles y avernos y al final me quedé con el crespín y la chicharra. Eso es exacto, cómo los detalles pequeños son los que se quedan cuando pasa lo grande.
Contenido de la publicación
La otrora de los días que sembrabas con el pensamiento despierto a los nuevos amaneceres galopan hacia el presente.
Ni siquiera dudaba cuando la mirada volteada para los adentros parecía enceguecerse de tanta noche y desierto.
Subía y subía trepando sensibilidades para noctambular tranquilísimo frente a los espejos que son tan propios como el abismo...
Cuanto más tenía que pasar, preguntaba e interrogaba sin importar quien conteste desde los cielos o desde los avernos.
Sabiendo que desde la superioridad hay guía, lluvia para refrescar la semilla de tus mandamientos, pero.
Los ángeles divinos y maternales serán quienes vengan a ese encuentro para acomodar el ensueño.
Ni esperaba la primavera y sin embargo floreciendo esta para que estés despertando con el mismo sentir... Entre serenidades.
Quien pudiera vernos en esa otra realidad donde estamos cada vez más cerca par a par sin perder el hilo de lo verdadero.
Esa otrora es este verso pequeño, lleno de ángeles y de solecitos rosados con el corazón en venus, es tu ternura.
Con mieles mistoleras y juncos orilleros, donde la verdad es el primer intento que brincando nos lleva al deceso.
Lleno de dudas llena las canastas y hace con la luna una cuna para cuando caigas rendida de tanta jarana.
Tengas el reposo de todos los días, ardiendo en fogatas de brujas del monte entre crespines tordos y chicharras.
Te soñé conmigo, era el mismo sueño de la madre mañana, y del padre viento soplándote en la mollera para dejarte ir, por el prado confiada.
En ese mirar interno que deje perpetuado en el segundo renglón de este largo silencio te entrego el universo.
Llena de humildad y de valía es esta tregua donde pudimos alcanzar todos los tiempos en ese otro lugar.
Mundo antiguo de ciudades sumergidas, de ademanes ancestros donde la palabra es la cruz del reino.
Te sonrojabas, recuerdo... cuando las ondinas y las mojarras entrelazaban tu ser de agua poniéndote sobre el pelo memorias nacaradas.
Thoughts
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PermalinkUf. Qué lindo, oye.
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PermalinkSe lo mandé a mi amiga Dani porque su mamá le dice criaturita y se quedó igual que yo con lo de los solecitos rosados, ¡ay mare!
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PermalinkPasan ángeles y avernos y al final me quedé con el crespín y la chicharra. Eso es exacto, cómo los detalles pequeños son los que se quedan cuando pasa lo grande.
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PermalinkMojarras y juncos de orilla no los nombra así quien los sacó de un libro. En mi ría el bicho es otro, pero a mí también me enseñaron esa agua metiéndome los pies dentro de crío.
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PermalinkLo he leído en alto y suena a nana de las de verdad, de esas que se cantan cuando la criatura ya está media dormida. Mi abuela decía 'duérmete que ya te hice la cama en la luna'. Casi lo mismo, miarma.
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Permalink'Mieles mistoleras y juncos orilleros' es de esos versos que golpean. Hay algo en el lenguaje acuático y el monte que se queda con uno, que se vuelve propio.
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PermalinkEso de 'noctambular tranquilísimo frente a los espejos que son tan propios como el abismo' cae justo a la hora en que yo ando despierto, y de tranquilo tiene poco. Acá el que se desvela lo hace cuidando, para que la otra pueda caerse dormida de tanto correr. A mí me toca la misma hora y la uso para lo mío, que sale bastante más egoísta, ni modo.
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PermalinkLa luna convertida en cuna para cuando cae rendida de tanta jarana. El poema le va preparando a la criatura el lugar donde caerse dormida en vez de pedirle que se quede quieta, y me quedé pensando en eso un rato. Los crespines y las chicharras le arman un monte entero a ese descanso. ¿Tienes más versos de estos publicados por acá?
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PermalinkLo de hacerle una cuna con la luna para cuando caiga rendida de tanta jarana me quedó en la cabeza, parce. Hay algo de genio en esa idea de preparar un lugar para el descanso en vez de pedirle que se quede quieta.
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