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CAPÍTULO XVI: YA DEBERÍAS HABERLO SUPERADO

AEJOVENICH
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¿Según quién? ¿Según el calendario? ¿Según la cantidad de meses que han pasado? ¿Según lo que tardó otra persona en dejar atrás algo parecido?

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¿Según quién? ¿Según el calendario? ¿Según la cantidad de meses que han pasado? ¿Según lo que tardó otra persona en dejar atrás algo parecido?

¿Existe una fecha exacta en la que el dolor deja de ser válido?

Porque si es así, avísame. Quiero marcarla. Quiero poner una alarma.

Quiero despertar ese día y descubrir que ya no recuerdo su voz, que aquella canción dejó de significar algo, que puedo pasar por aquella calle sin sentir nada, que puedo mirar una fotografía sin quedarme unos segundos más de la cuenta.

Pero no funciona así.

Nos gusta imaginar que el dolor tiene un calendario porque eso nos permite medirlo. Tres meses. Seis meses. Un año. Dos años. Como si llegar al aniversario de una pérdida viniera acompañado de una obligación: “A estas alturas ya deberías estar bien”.

Pero ¿qué significa exactamente estar bien?

¿No llorar? ¿No extrañar? ¿No recordar? ¿Dejar de hablar del tema? ¿Sonreír cuando alguien pregunta?

Porque quizás una persona puede hacer todas esas cosas y seguir llevando dentro algo que todavía no ha terminado de acomodarse.

Hay personas que se van de nuestra vida en una tarde y tardan años en irse de nosotros. Y no porque estemos obsesionados con el pasado.

Simplemente porque algunas personas ocupan lugares que no desaparecen cuando dejan de estar físicamente presentes.

Se quedan en las costumbres. En las canciones. En los lugares. En las fechas. En ciertas palabras. En una forma particular de preparar el café. En una película que ya no puedes ver igual. En una calle por la que pasabas todos los días sin pensar demasiado.

Y luego ocurre algo pequeño. Una canción. Un olor. Una fotografía. Una fecha en el calendario.

Y de repente vuelve una sensación que creías dormida.

Y alguien puede mirarte y preguntarte:

“¿Todavía estás con eso?”

Como si recordar significara volver al principio. Como si un día difícil pudiera borrar todo el camino que ya recorriste.

Pero no necesariamente es así.

Puedes haber avanzado muchísimo y aun así tener días en los que algo vuelva a doler. Puedes llevar años viviendo sin alguien y echarlo de menos un miércoles cualquiera. Puedes haber aceptado una pérdida y seguir sintiendo tristeza cuando llega determinada fecha.

Eso no significa que estés retrocediendo. Significa que eres humano.

Quizás hemos cometido otro error con la palabra “superar”.

La usamos como si superar significara eliminar.

Eliminar el recuerdo, la tristeza, las preguntas. Eliminar todo aquello que alguna vez nos hizo daño, pero quizás superar algo no significa conseguir que nunca vuelva a doler.

Quizás significa que dejó de controlar tu vida.

Puedes recordar sin regresar. Extrañar sin buscar. Llorar sin querer volver atrás. Hablar de alguien sin necesitar que vuelva. Y reconocer que algo fue importante y aceptar que terminó.

Eso también es avanzar.

El problema es que desde afuera nadie ve ese proceso. La gente ve que han pasado tres años y piensa: “Ya es suficiente”. Pero no estuvo contigo durante esos tres años.

No sabe cuántas cosas cambiaste. No sabe las veces que volviste a levantarte. No sabe lo que aprendiste. No sabe cuántas noches dejaste de llorar aunque todavía doliera.

Solo ve que todavía existe una herida y decide que debería haber desaparecido.

Qué extraño que seamos tan pacientes con las heridas físicas y tan impacientes con las emocionales.

Si alguien se rompe una pierna, entendemos que necesita tiempo.

No le decimos:

“Han pasado seis meses, ya deberías correr”.

Pero cuando alguien atraviesa una pérdida, esperamos resultados.

“Ya deberías estar mejor”. “Ya deberías salir”. “Ya deberías conocer a alguien”. “Ya deberías dejar de hablar de eso”.

Como si sanar fuera una tarea que tenemos que entregar antes de determinada fecha.

Y entonces ocurre algo todavía peor: empezamos a compararnos.

“Ella tardó tres meses”. “Él lo superó rápidamente”. “Mi amigo volvió a salir al poco tiempo”.

Y pensamos que quizás nosotros estamos haciendo algo mal.

Pero ¿por qué tendría que funcionar igual para todos?

No todos amamos igual. No todos perdemos igual. No todos tenemos la misma historia. No todos contamos con las mismas herramientas para reconstruirnos.

Quizás tú tardaste tres meses y yo necesito tres años. Quizás otra persona necesita diez. Y quizás ninguno de nosotros está haciendo el proceso incorrectamente.

El duelo no es una carrera. No existe una medalla para quien olvida primero. No hay un premio por ser el que vuelve a sonreír antes. Y quizás tampoco deberíamos convertir la recuperación en una competición.

Porque sanar no consiste en llegar antes que los demás. Consiste en poder volver a vivir sin tener que fingir que aquello nunca ocurrió.

Tal vez algún día pase por aquella calle y ya no tenga que mirar hacia otro lado. Tal vez escuche aquella canción y simplemente sea una canción. Tal vez recuerde su voz y ya no sienta ese vacío.

Tal vez.

Pero quiero que ese día llegue porque llegó, no porque alguien decidió que ya debería haber llegado.

Porque hay una diferencia enorme entre dejar atrás algo y ser obligado a fingir que lo dejaste atrás.

Una cosa es sanar. La otra es aprender a esconder que todavía duele. Y yo no quiero esconderlo. Si todavía me duele, me duele. Si mañana duele menos, maravilloso. Si dentro de un año vuelve a doler un poco, también estará bien.

No necesito que nadie ponga una fecha de vencimiento a lo que siento. No estoy atascado. Estoy viviendo mi duelo a mi manera.

Y quizás eso sea algo que deberíamos respetar más:

que cada persona tiene su propio ritmo para reconstruir aquello que se rompió.

No me pongas un plazo para olvidar. No me digas cuándo debería dejar de extrañar. No conviertas mi proceso en una cuenta regresiva.

Porque sanar no es borrar. No es olvidar. Tampoco es llegar primero. Sanar es poder seguir viviendo mientras aquello que alguna vez dolió encuentra, poco a poco, un lugar diferente dentro de nosotros.

Y quizás nunca deje de existir completamente. Pero puede dejar de ocuparlo todo. Eso debería ser suficiente.

#aejovenich #demoliedofrasesvacias #frasesvacías #historiasdevida

Thoughts

  • MarisolTorrijos

    Para sanar no hay fecha, para mí sanar significa poder seguir viviendo aceptando algo que ha ocurrido, aprender a vivir con eso; pero no significa olvidar, creo que no hay que olvidar.

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  • perezmariela

    Buen capitulo...no todos sentimos iguales...todo tenemos distinta forma de llevar el dolor...cada uno tiene su proceso a unos nos cuesta más q a otros

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  • Ovid

    Lo de la pierna rota y los seis meses me hace pensar en que con un hueso al menos hay radiografia: alguien te deja ver la fractura soldando y nadie discute el plazo. Con una perdida no hay imagen que mostrar, y por eso la gente se agarra a las fechas, que es lo unico que puede contar desde afuera. Esta serie le quita el disfraz a frases comodas.

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