Saltar al contenido
Cargando…

CAPÍTULO VIII: MIRA HACIA ADELANTE

AEJOVENICH
Pública 18 conversaciones 26 pensamientos 78 votos positivos 0 votos negativos 1 serie

Sí.

En series

Topics

In groups

Contenido de la publicación

Sí.

Pero déjame mirar atrás un momento. Solo un momento. Hay cosas ahí.

Mi infancia, mi madre, una casa que ya no existe. Un amigo que dejó de llamar. Una fotografía en la que todavía no sabía todo lo que iba a perder.

También está la persona que fui antes de aprender a desconfiar. Antes de aprender que algunas promesas no se cumplen.

Antes de descubrir que también se puede extrañar a alguien que todavía está vivo.

Así que sí. Voy a mirar hacia adelante. Pero no me pidas que cierre los ojos para hacerlo.

Porque mirar hacia atrás no siempre significa querer regresar.

A veces significa entender de dónde vienes.

Hay una diferencia entre vivir en el pasado y reconocer que el pasado forma parte de ti.

Porque somos también lo que dejamos atrás. Las personas que perdimos. Los errores. Las oportunidades que no supimos reconocer. Las decisiones que tomamos sin saber lo que iban a costarnos. Aquellas palabras que dijimos demasiado tarde. Las que nunca dijimos.

Las versiones de nosotros que alguna vez existieron y que ya no volverán.

Y quizás también hay que hacer duelo por esas versiones.

Porque crecer no siempre significa convertirte en alguien nuevo. A veces significa despedirte de quien fuiste.

Del niño que confiaba fácilmente. Del adolescente que creía que tenía todo el tiempo del mundo. De la persona que aceptaba cosas que hoy ya no aceptaría.

De quien confundía amor con aguantar. De quien pedía perdón para que otros no se fueran.

No todas esas versiones merecen volver. Pero todas merecen ser comprendidas.

Porque hicieron lo que pudieron con lo que sabían en ese momento.

Y quizás ese sea otro error que cometemos: miramos nuestro pasado con la información que solo tenemos hoy.

Juzgamos decisiones antiguas como si aquella versión de nosotros hubiera sabido lo que ahora sabemos.

Qué fácil es decir:

“¿Cómo pude permitir eso?”

“¿Cómo no me di cuenta?”

“¿Por qué no me fui antes?”

Porque hoy ya conoces el final.

Ellos no. Tú no.

La persona que eras estaba viviendo aquella historia por primera vez. Y quizás merece un poco más de compasión de la que solemos darle.

Por eso no quiero romper las fotografías.

No quiero fingir que aquella casa nunca existió.

No quiero borrar nombres para demostrar que avancé.

No quiero convertir mi pasado en un enemigo.

Porque también hubo cosas bonitas.

Hubo risas y abrazos. Hubieron tardes que no sabía que algún día extrañaría. Hubo personas que hicieron bien su parte mientras estuvieron. Y hubo versiones de mí que fueron felices aunque no supieran cuánto iba a durar.

No quiero negar nada de eso solo porque terminó.

Porque borrar el pasado no lo convierte en inexistente. Solo nos deja sin una parte de nuestra propia historia.

Así que sí:

voy a mirar hacia adelante. Caminaré. Conoceré lugares nuevos. Me equivocaré de maneras diferentes. Querré otras cosas. Construiré una vida que todavía no conozco.

Pero de vez en cuando voy a mirar atrás. No para quedarme. Simplemente para recordar.

Para agradecer algunas cosas, perdonar otras, para reconocer a quien fui. Y quizás, algún día, para decirle:

“Lo hiciste lo mejor que pudiste.”

Porque avanzar no significa dejar de recordar.

Significa que el recuerdo ya no tiene que decidir hacia dónde vas.

Quiero llevarlo siempre conmigo. No como una cadena ni como una deuda. Tampoco como una habitación en la que sigo viviendo. No como una cicatriz.

Lo llevaré como esas marcas que no desaparecen pero dejan de doler cada vez que las miras.

Como prueba de que algo ocurrió.

De que alguien estuvo.

De que yo estuve.

De que viví.

De que perdí.

De que aprendí.

De que algunas cosas me cambiaron.

Y de que, aun así, seguí caminando.

Porque quizás no necesitamos olvidar el camino para continuar el viaje.

Quizás solo necesitamos dejar de confundir mirar atrás con querer volver.

Así que sí.

Mira hacia adelante.

Pero si alguna vez necesitas volver la cabeza para recordar quién eras, hazlo.

No hay vergüenza en mirar el camino recorrido.

Solo asegúrate de no olvidar que el camino continúa.

No quiero borrar de dónde vengo. Quiero llegar a donde voy sin avergonzarme de todo lo que tuve que atravesar para llegar hasta allí.

#aejovenich #frasesvacías #frases #amorydesamor #historiasdevida

Thoughts

  • MarianelaVidal

    Ta, la persona que pedía perdón para que otros no se fueran es la que más se me quedó. Es la versión que más cuesta mirar con compasión, porque uno la recuerda con vergüenza antes que con cariño. Me hizo pensar en una tía mía que se pasó la vida disculpándose por cosas que no había hecho y de vieja se reía de eso. Por cómo termina, apuesto a que el capítulo nueve ya camina para adelante sin tanta vuelta.

    Permalink
  • LauraLetras

    Todo este capítulo me llevó a El otro, el cuento de Borges donde el viejo se sienta en una banca junto al muchacho que fue y casi no logran entenderse. Aquí pasa al revés, parce: le tienes paciencia a la versión que no sabía el final, y esa paciencia es lo que le falta al Borges viejo.

    Permalink
  • IreneCalvo

    Mira, la lista del final me recordó a esas agendas viejas donde mi madre apuntaba quién vino a casa cada domingo. Nada más que eso, el nombre y el día, como prueba de que alguien estuvo. Vaya, se me hace que este capítulo es el más tuyo de todos.

    Permalink
  • EmilioPrats

    Pasados los sesenta ya nadie te dice que mires hacia adelante, más bien te dicen que no te quedes parado. Lo de no romper las fotografías lo veo en casi todas las casas de mi edad: las cajas siguen en el armario aunque nadie las abra. Ya ves, se guardan igual, y me suena a eso que dices de reconocer a quien fue uno.

    Permalink
  • novelaacuestas

    Vengo con la serie desde el capítulo dos y este es el primero donde el título no se desmonta: le dices que sí a la frase, con condiciones. Apuesto a que va por ahí hasta el final, menos demoler y más negociar.

    Permalink
  • MarisolTorrijos

    Los recuerdos y las vivencias ya pasadas son como los tatuajes, se quedan en nuestra piel y son muy difíciles de borrar.

    Permalink
  • Ovid

    Extrañar a alguien que todavía está vivo tiene algo muy raro: no hay despedida ni fecha, la persona sigue ahí y aun así ya no está. Me hizo pensar en que tenemos muchas palabras para el duelo de los que se fueron y casi ninguna para este otro. Apuesto a que en esa línea se va a reconocer más de uno. Gracias por seguir con la serie!

    Permalink
  • no_pica_nada

    Ay, lo de no romper las fotos. Mi mamá tiene una caja llena de fotos de gente que ya ni nos habla y ahí siguen, junto a las recetas.

    Permalink

Related posts