Como si mi vida fuera un libro y tú supieras exactamente en qué capítulo debo dejar de leer. Como si avanzar tuviera una fecha. Como si recordar fuera una forma de fracaso. Como si cada vez que vuelvo a pensar en algo que ocurrió significara que sigo atrapado allí.
¿Y si quiero volver?
No para quedarme. Solo para recordar.
Porque no todo lo que dejamos atrás merece ser olvidado.
Hay páginas que uno relee porque fueron hermosas. Porque contienen momentos que todavía nos hacen sonreír. Personas que fueron importantes. Días que, aunque terminaron, siguen teniendo un lugar dentro de nosotros.
Hay otras que releemos porque todavía no las entendemos.
Volvemos a una conversación y pensamos: “¿Cómo no me di cuenta?”. Recordamos una decisión y nos preguntamos por qué elegimos aquello. Miramos una etapa de nuestra vida con los ojos que tenemos hoy e intentamos comprender a la persona que éramos entonces.
Y también existen páginas que releemos porque necesitamos comprobar que realmente sucedieron. Porque algunas cosas fueron tan importantes que cuesta creer que alguna vez formaron parte de nuestra vida.
No quiero arrancarlas. No quiero tacharlas. No quiero fingir que nunca estuvieron allí solo porque ahora estoy en otro capítulo.
¿Por qué tendría que hacerlo? ¿Acaso una historia mejora cuando eliminamos las partes incómodas? ¿Acaso dejar de mencionar algo significa que dejó de formar parte de nosotros?
Creo que no.
Hay personas que pasan por nuestra vida y dejan páginas que no volveremos a escribir de la misma manera. Hay errores que nos enseñan cosas que no habríamos aprendido de otra forma. Hay decisiones que nos gustaría cambiar y otras que, aunque no repetiríamos, necesitamos aceptar porque también forman parte de quienes llegamos a ser.
Y quizás aquí aparece otra confusión.
Nos han enseñado que avanzar significa dejar atrás. Pero dejar atrás puede significar cosas muy diferentes.
Puedes dejar atrás una situación sin negar que ocurrió. Puedes dejar atrás una relación sin odiar a la persona. Puedes dejar atrás una etapa sin avergonzarte de haberla vivido.
Puedes dejar atrás una versión de ti mismo sin tratarla como si hubiera sido un error que nunca debió existir.
Porque esa persona que fuiste también hizo lo que pudo con lo que sabía en ese momento.
Tal vez se equivocó. Tal vez confió demasiado. Tal vez no supo poner límites. Tal vez tomó decisiones que hoy no entiende.
Pero tenía la información que tenía. Tenía los miedos que tenía. Tenía la edad que tenía. No sabía cómo terminaba la historia.
Nos resulta muy fácil juzgar al personaje del pasado cuando nosotros ya conocemos el final.
Pero él no lo conocía. Y quizás por eso mirar atrás no siempre es nostalgia. A veces es comprensión. A veces necesitamos volver a ciertas páginas para dejar de culparnos por haberlas escrito así.
También existe otra razón por la que algunas personas nos dicen constantemente que pasemos página: porque nuestra tristeza les incomoda. Porque quieren vernos bien. Porque necesitan comprobar que la historia terminó para poder sentirse tranquilos.
Pero mi proceso no tiene que ser cómodo para los demás.
Si necesito recordar, recordaré. Si necesito hablar, hablaré.
Si un lugar todavía me provoca algo, no significa que haya retrocedido. Significa que ese lugar significa algo. Y quizás algún día deje de significarlo.
Pero quiero que eso suceda naturalmente, no porque alguien me haya ordenado cerrar el libro.
Porque pasar página no significa dejar de leer. Significa continuar. Y continuar puede incluir mirar ocasionalmente hacia atrás.
Puedes seguir escribiendo mientras recuerdas. Puedes construir algo nuevo sin destruir lo anterior. Puedes amar una nueva etapa de tu vida sin declarar que la anterior fue un error. Puedes estar orgulloso de quién eres hoy y sentir cariño por quien fuiste ayer.
No todo necesita ser eliminado para que podamos avanzar.
Algunas cosas simplemente necesitan encontrar su lugar.
Un recuerdo puede quedarse sin convertirse en una condena. Una pérdida puede acompañarte sin impedirte vivir. Un error puede formar parte de tu historia sin convertirse en tu identidad.
Eso también es avanzar.
Porque quizás el problema nunca fue volver a una página.
El problema sería decidir que esa página es el único lugar donde puedes vivir.
Ahí sí existe una diferencia.
Recordar no es quedarse. Extrañar no es regresar. Mirar atrás no significa querer volver.
A veces solo significa reconocer el camino que recorriste. Y yo quiero seguir escribiendo.
Eso es diferente.
No quiero pasar página porque alguien me diga que ya es hora.
Quiero hacerlo cuando tenga algo nuevo que escribir. Quiero llenar el siguiente capítulo con cosas que todavía no conozco, personas que todavía no han llegado, decisiones que todavía no he tomado y versiones de mí que todavía no existen.
Pero no necesito arrancar las páginas anteriores para hacerlo.
Porque mi historia no mejora cuando borro lo que me dolió.
Mejora cuando consigo escribir algo nuevo sin dejar que aquello determine todo lo que viene después.
Quizás eso sea avanzar de verdad:
no olvidar el capítulo anterior, sino impedir que siga escribiendo el siguiente por nosotros.
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