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CAPÍTULO XXII: HAZ LO QUE TE HAGA FELIZ

AEJOVENICH

Contenido de la publicación

Qué responsabilidad tan absurda para una frase que suele decirse como si fuera un consejo sencillo. Como si todos supiéramos exactamente qué nos hace felices y solo necesitáramos reunir el valor suficiente para ir detrás de ello.

Como si la felicidad fuera una dirección y bastara con ponerla en el GPS.

Pero ¿Qué pasa si no sé qué me hace feliz? ¿Qué pasa si quiero cosas que sé que no me convienen? ¿Qué pasa si algo que amo también me hace daño? ¿Qué pasa si quiero quedarme aunque sé que debería irme? ¿Y si quiero irme aunque todavía amo?

La frase parece liberadora hasta que te das cuenta de que también puede convertirse en una exigencia. Ahora no solo tienes que vivir: tienes que vivir feliz. Y si no eres feliz, quizás estás haciendo algo mal. Elegiste mal. Estás en el lugar equivocado. No estás persiguiendo tus sueños. No estás escuchando suficiente a tu corazón.

¿Y si simplemente estás teniendo un día malo?

Hay una obsesión extraña con convertir la felicidad en una especie de estado permanente. Como si una vida buena fuera aquella en la que la mayoría de los días nos sentimos bien, todo tiene sentido y cada decisión nos produce satisfacción. Pero la vida real no funciona así.

Hay días aburridos. Días difíciles. Días en los que no pasa nada especial. Días en los que tienes responsabilidades que no te entusiasman, conversaciones que preferirías evitar y decisiones que sabes que son necesarias, aunque no te hagan feliz.

Y eso no significa que estés desperdiciando tu vida.

A veces hacemos cosas importantes que no nos producen felicidad inmediata. Estudiar. Trabajar. Cuidar a alguien. Pedir perdón. Poner un límite. Terminar algo que todavía queremos. Empezar de nuevo. Esperar. Ahorrar. Tener paciencia. Hacer aquello que sabemos que necesitamos hacer aunque, por unos minutos, nos haga sentir peor.

Entonces quizás necesitamos preguntarnos qué estamos buscando realmente cuando decimos “quiero ser feliz”.

Porque quizás estamos confundiendo felicidad con placer. Y no son lo mismo.

El placer puede durar unos minutos. La felicidad puede aparecer y desaparecer. La tranquilidad puede durar una tarde. El sentido puede existir incluso durante una etapa dolorosa. Una decisión puede hacernos sufrir hoy y, al mismo tiempo, acercarnos a la vida que queremos construir.

No quiero pasarme la vida persiguiendo una emoción.

Porque si convierto la felicidad en mi única brújula, cualquier momento difícil empieza a parecer un error. Si estoy triste, algo está mal. Si estoy aburrido, debo cambiar de vida. Si una relación atraviesa una etapa complicada, quizás significa que ya no funciona. Si mi trabajo no me entusiasma todos los días, quizás debería abandonarlo.

Y así terminamos huyendo de todo aquello que no nos hace sentir bien inmediatamente.

Pero algunas cosas valiosas requieren atravesar momentos incómodos.

Eso tampoco significa que debamos soportar cualquier situación bajo la excusa de que “la vida no siempre es felicidad”. Hay sufrimientos que no tenemos por qué aceptar. Hay lugares de los que necesitamos salir. Hay relaciones que necesitan terminar. Hay límites que debemos poner.

La cuestión es que no siempre sabremos qué decisión nos hará felices.

A veces tendremos que elegir basándonos en algo diferente.

En lo que consideramos importante. En nuestros valores. En la persona que queremos ser. En aquello que podremos respetar de nosotros mismos cuando miremos hacia atrás.

Porque hay decisiones que no producen felicidad, pero producen paz. O dignidad. O libertad. O coherencia.

Y quizás eso también cuenta.

Tal vez una vida buena no sea una vida en la que haces siempre lo que te hace feliz. Tal vez sea una vida en la que puedes hacer espacio para la felicidad sin exigirle que aparezca todos los días.

Una vida donde puedas reírte sin sentir culpa, pero también llorar sin pensar que fracasaste. Una vida donde puedas disfrutar de un martes completamente normal sin necesitar que ocurra algo extraordinario para considerarlo valioso.

Porque también existe algo hermoso en los días que no recordaremos.

El desayuno de siempre. Una conversación cualquiera. Caminar sin prisa. Llegar a casa cansado. Escuchar una canción. Hacer algo simplemente porque forma parte de nuestra rutina. No todo tiene que convertirse en un momento inolvidable para que haya valido la pena.

Quizás hemos cometido el error de pensar que una vida significativa tiene que sentirse significativa todo el tiempo.

No.

A veces vivir consiste simplemente en estar ahí.

Y quizás la pregunta no sea únicamente “¿esto me hace feliz?”, sino también “¿esto construye la vida que quiero tener?”.

Porque hay cosas que me harán feliz durante quince minutos y dejarán un desastre después. Hay otras que quizás no me hagan feliz hoy, pero me permitirán dormir tranquilo mañana.

Hay decisiones que duelen y aun así son correctas.

Hay decisiones que emocionan y aun así son equivocadas.

Por eso ya no quiero que me digan simplemente “haz lo que te haga feliz”.

Prefiero que me pregunten qué quiero cuidar, qué estoy dispuesto a perder, qué clase de persona quiero ser y qué tipo de vida quiero construir.

Porque la felicidad puede aparecer o desaparecer.

Puede llegar sin avisar y marcharse sin pedir permiso.

Y quizás eso está bien.

No quiero construir una vida que solo pueda querer cuando soy feliz.

Quiero construir una vida que siga teniendo sentido cuando la felicidad se tome el día libre.

Porque quizás vivir no consiste en perseguir la felicidad hasta alcanzarla.

Quizás consiste en construir un lugar al que incluso los días difíciles puedan pertenecer.

#aejovenich #demoliendofrasesvacias #frasesvacías #historiasdevida

 

 

Thoughts

  • Fijado por quien publicó

    AEJOVENICH
    Permalink
  • Gala

    El martes normal, sí.

    Permalink
  • mfuentes73

    Le pongo un pero a la salida que propones. Cambiar la pregunta de si esto me hace feliz por si esto construye la vida que quiero sigue suponiendo que uno sabe cómo va a terminar lo que empieza, y harto de lo que uno decide bien sale mal igual, por cosas que pasan una sola vez y nadie vio venir.

    Me quedo con tu idea de la paz o la dignidad como medida, porque esas se pueden revisar el mismo día, sin esperar el resultado. Lo de construir se sabe recién cuando ya pasó harto tiempo.

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